Los ñoños que nadie quiere

Los ñoños que nadie quiere

Ilustración: Pepa - EL CLAVO

Nos podríamos remontar a los gloriosos 70 y hablar del nacimiento del término nerd, hablar de las películas, hacer un recuento en la Historia y nombrar a los más importantes, hacer un detallado análisis psicosocial del desarrollo del término… Pero eso sería muy ñoño, y rico, gracias, pero no.
No me voy a limitar a decir que el ñoño es el que tiene problemas en sus relaciones sociales por estar metido siempre en lo que le gusta. Claro que también hay otros que se mantienen metidos en lo que les gusta y sacan tiempo para rumbiar; hay otros que se sienten ñoños pero no saben de nada; hay otros que no quieren ser ñoños y elaboran un ensayo acerca de por qué no lo son (muchos ñoños), y hay otros que… NO, no, no, mejor dejemos así, que el que quiera ser ñoño que alce la mano y listo, no me desgasto más.
Hablo de las personas que por hacer lo que les apasiona y dejar de lado cierto tipo de actividades son calificados de ñoños por gente que los aísla como si fueran una parte innecesaria de la sociedad. Se equivocan totalmente, no piensan nunca que si este mundo ha avanzado es gracias a las personas que se especializan en algún área, las personas que sienten pasión por el conocimiento y por los inventos, y que si ahora nos hablamos por celulares para armar la rumba, y las viejas están buenas a punta de silicona, es por la mano de ñoños que lo han inventado todo.
Es simple, los ñoños inventan, los ñoños descubren, los ñoños aparecen en las enciclopedias, los ñoños se vuelven famosos, los ñoños se tapan de plata. Ejemplos los que quiera: Nóbel con la dinamita, Graham Bell con el teléfono, los Lumière con el cine y Einstein con lo que sea que haya hecho. Y modernos; Stephen Hawking, Bill Gates, Linus Torvalds, Steve Wozniak y Steve Jobs (los de Apple). Si los rechazan, entonces rechacen el iPod, sus preciosos computadores, sus programas, el Internet, los carros, las operaciones, las vacunas, etc.
Y rechacen también los triunfos deportivos, de los cuales se sienten parte, por los cuales sacan pecho y dicen “Colombia es lo mejor”. Ahí sí los quieren, ahí sí los apoyan, ahí sí los invitan a las fiestas y a los clubes, ahí sí los montan en el carro de bomberos y los pasean como trofeos. Los deportistas por los que sacamos pecho son también ñoños, o cómo creen que Montoya llegó a la Fórmula 1, ¿rumbiando todos los viernes? No, dándole y dándole en su kartcito. ¿Y cuántos cigarrillos creen que la Chechi Baena se fuma diarios, o cuántas cervezas se bebe? Nada, nada porque esa es su pasión, nada porque ellos entrenan duro para ser lo mejores. Es la pasión y la satisfacción que les deja, y nos les importa que les digan aburridos. Primero la gente los rechaza, no los invitan a las fiestas, pero después cuando triunfan lejos (porque ganar en Colombia no vale) los adoran y los hacen parte de la sociedad de la que antes los echaron.
Entonces sigan discriminando, sigan haciéndoles el “fo”. Mejor así, no los distraen y ellos pueden seguir cambiando la Historia. Eso sí, después van a decir, “el ñoño de mi salón ahora esta tapado de plata y yo en la inmunda, sin trabajo y con cirrosis”.

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