Los nuevos ñoños

Los nuevos ñoños

Foto: José Maldonado - EL CLAVO

En nuestro tiempo casi se han acabado los ñoños clásicos de gafas gruesas, camisa por dentro de los pantalones que suben hasta las costillas y peinado “mamá me quiere mucho”. De estos nerds existen ahora muy pocos, pues estos especímenes evolucionaron para dar origen a una extensa gama de variantes que conforman el subestimado universo de los ñoños. En un juicioso ejercicio de la ñoñez, estudiaremos a algunos descendientes del “ñoñus clasicus” que tantas burlas y películas protagonizó hace un par de décadas.

“Friki” es la palabra en español que imita la inglesa freaky. Con ésta nos referimos a gente extraña y fanática de alguna cosa. Una característica básica de la ñoñez es el apego extremo a una actividad que afecta definitivamente todos los aspectos de la vida. Los ñoños más tostados tal vez sean los friki, que a su vez se dividen en tantos tipos que sería imposible nombrarlos aquí.

Los friki más sobresalientes son los geeks y los otaku (del inglés y el japonés respectivamente), siendo los geeks esos sujetos que se pasan la vida pegados del computador. Por su profesión (normalmente ingenieros de sistemas o aprendices de hacker) deben trabajar muchas horas en un computador, pero no contentos con eso, también descansan en el computador. El parche de todos los fines de semana es montar una LAN party, no comen por estar pegados del último videojuego que les pasaron, y su sitio favorito de socialización es la sala de juegos en red o en su defecto, el Internet.

Los otaku por su parte, son un grupo de hombres japoneses completamente obsesionados con el anime, el manga, los videojuegos y los muñecos de acción, a tal punto que se consideran a sí mismos miembros de una élite; incluso inventaron un examen para adquirir el título oficial de otaku. Sobra decir que tienen poca vida social por fuera de ese círculo, y se gastan la mayor parte de su salario en darle rienda suelta a su afición (en caso de que alguno consiga novia, me pregunto cómo se lo aguanta).

Existen otros tipos de ñoños que tradicionalmente no han sido vistos como tales: los atletas de alto rendimiento que no toman, no fuman, no trasnochan, no ven televisión, no van a cine, no tienen pareja porque no hay tiempo, y lo único que hacen es entrenar, entrenar y entrenar tantas horas al día como sea físicamente posible.

También clasifican los melómanos consagrados, para quienes su música se convierte en un estilo de vida que llega a afectar su forma de vestir hasta llegar a lucir muy distintos del corriente. Un ejemplo de estos ñoños son los fanáticos de la canción protesta latinoamericana, los ‘punketos’, skinheads, y demás variantes. Pretenden liberarse de la sociedad de consumo pero son esclavos de su respectivo “estilo de vida”, del que no se apartan pase lo que pase.

Podríamos hablar del ñoño integral, ese que dicta cuatro monitorías en el mismo semestre, está en tres grupos estudiantiles, saca el mejor promedio de la clase, tiene la universidad por hogar, pero además le alcanza el tiempo para hacer deporte, aprender un idioma extra, tener mil amigos y salir a rumbear. Esta suerte de ser mágico y casi perfecto, contrasta con el ñoño frustrado: el que se esfuerza, trasnocha, se encierra a estudiar, hace todas las tareas y a la hora del examen saca apenas una nota promedio.

Tal vez el lector se haya sorprendido al descubrir que encaja en uno o más de estos estereotipos, lo cual no deberá causarle ningún trauma psicológico o sentimiento de rechazo. Sepa que a cada tipo de ñoño lo espera una comunidad con los brazos abiertos, con el prendedor, el carné, la camiseta y hasta la gorra oficial listos para que se los ponga y se sienta uno más del clan.

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