Los “¿por qué a mí?” de los gorditos.

Los “¿por qué a mí?” de los gorditos.

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“¿Por qué a mí?”, “¿Por qué ya no entro en el pantalón?”, “¿Por qué me queda atrapado el trasero en el columpio?” Sí, querido lector, no es usted el único al que le pasa. Somos muchos otros que de vez en cuando, debemos pedir ayuda en algún parque de nuestra ciudad y que, además también compartimos toda una serie de diez apetitosas verdades:

  • Siempre nos referiremos a la época en que “éramos delgados” así nadie la recuerde.
  • Confiaremos ciegamente en que con cierta ropa nos vemos “flacos” y la usaremos en momentos en que queramos vernos sexy.
  • Nos pesaremos en cuanta balanza mal parqueada veamos y nos bajaremos refunfuñando.
  • Cuando pesemos más, diremos que la balanza estaba dañada. (En realidad, a mí me pasó, la pesa me marcaba dos kilos de más y sufrí un gran trauma psicológico hasta que el enfermero se compadeció de mí y me dijo que estaba dañada.)
  • Cuando no almorcemos un día, sentiremos que adelgazamos y que se nota.
  • Al día siguiente, comeremos el triple y creeremos que “compensamos”.
  • Siempre, al ponernos de pie, nos subiremos el pantalón, es algo que ni siquiera sé por qué lo hacemos.
  • Odiaremos que en nuestra nevera nunca haya nada que nos apetezca y que, por esto, terminemos comiendo cosas impensables, como panela por ejemplo
  • Cuando alguien sensual nos mire, inmediatamente nos sumiremos y realmente pensaremos que hace gran diferencia.
  • Nunca nos dejarán de gustar las mismas golosinas que comíamos cuando estábamos pequeños. Nucita, Barrilete, Bombombun, Arequipe… y en ocasiones, nos avergonzará comprarlas.
  • Cuando nos descubran los dulces en nuestro maletín o cajones, fingiremos que son para una “fiesta” o algo así.
  • Haremos ejercicio por un mes de nuestra vida y diremos a todos que cambiamos; pero, después y muy silenciosamente, lo dejaremos.
  • Siempre tendremos la esperanza de que alguna situación futura nos va a hacer adelgazar, ya sea Independizarnos, viajar a algún lugar, una gripa fuerte o que nos rapten los marcianos, por ejemplo.
  • Nos espantará imaginarnos como dueños de restaurantes o tiendas de comestibles, nos saldríamos de control.
  • Pondremos de perfil en Facebook esas fotos en que, extrañamente, salimos delgados y pensaremos que, tal vez, somos así y que sufrimos un trastorno psicológico que nos hace ver diferentes.
  • Una de nuestras frases más recurrentes será: “tengo ganas de comer algo, pero no sé qué”. Normalmente, la diremos en tiendas o en panaderías mientras observamos los pandebonos.
  • Siempre nos creeremos sexys, sin duda.
  • Sin embargo, siempre pensaremos que no comemos tanto. Eso nos consolará.

Escrito por Lorena Arana

@AranitaArepita

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