Lucio Fernando, el hombre rojo del tridente

Lucio Fernando, el hombre rojo del tridente

Ilustración: CARTOON NETWORK

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Más recorrido que el Sr. Burns de Los Simpson, más poderoso que Bill Gates, más siniestro que El Guasón de Batman, más mentiroso que un trovador de Marinilla (Antioquia), con más alias que un comandante de las Farc y más verbo que Álvaro Uribe Vélez y Hugo Chávez juntos, sin duda el patrón del Infierno es el que hace sonrojar a todos los villanos.

Por otro lado, este personaje también se destaca por sus múltiples identidades. Por ejemplo, seguramente nuestra primera idea del diablo vino de un primo mayor bien caspa o una abuelita que nos asustaba con cuentos sobre el demonio de mirada de fuego, cachos grandes, cola puntuda, olor a azufre y tridente. A medida que íbamos creciendo, el cuento se fue sofisticando hasta el punto en que los curas nos hablaban de un ángel llamado Lucifer (alias Lucio Fernando) que le armó golpe de estado a Dios. Obviamente los golpistas (un tercio de los habitantes del cielo) perdieron y fueron extraditados a la hacienda El Paraíso. Allí ya no lucía como la mascota del América ni tampoco como un ángel, sino más bien una especie inédita de serpiente que habla. ¿Al fin qué? Parece que un ángel desempleado, lo primero que hace después de montar empresa y tratar de sonsacarle los clientes a su antiguo patrón, es volverse maestro del disfraz.

Por eso no es fácil conocerlo y la Biblia dice más bien poquito sobre él. Nuestra concepción actual de Satanás, Belcebú o Lucifer, viene más de referencias literarias como el Paraíso Perdido de John Milton o el Infierno de Dante Alighieri, que a su vez fueron influenciadas por mitos griegos como los de Hefestos y Prometeo, y por tradiciones de otras culturas. Por ejemplo, el shaitan de los musulmanes es un ser creado a partir de fuego sin humo con el poder de tentarnos a hacer cosas malvadas, mientras que el ha-satan de los hebreos es un burócrata que nos pone cascaritas y obstáculos por mandato divino para que con el esfuerzo nos superemos. La Rebelión de Lucifer de J.J. Benitez lo retrata como un urbanizador pirata de este pedacito de universo y dice que por su culpa es que nuestro planeta fue puesto en cuarentena. ¿Será por eso que todos los extraterrestres vienen de incógnito?

Sin embargo, la teología contemporánea tiene otra idea sobre el diablo. De acuerdo con Gustavo Arbeláez, profesor de Teología de la Universidad Javeriana “ir en contra de los deseos de Dios es el mal, es el demonio; no es que tenga una existencia real como persona, es la actitud” . Por ejemplo, cuando Pedro le insiste a Jesús que se declare rey, él le responde “retírate de mí, Satanás”, porque con su actitud Pedro lo quería inducir a caer ante la tentación del poder, de los más bajos instintos.

Como quien dice, puede estar en cualquier parte y aparecer como cualquier persona porque basta con que alguien se ponga la camiseta de su equipo, conscientemente o sin querer. Si lo viéramos por la calle, posiblemente no se parecería al personaje sin pantalones que atormenta a Vaca y Pollito sino a una hembra buenísima escuchando reggaeton a todo volumen a bordo de un Lamborghini Diablo. Ese es su máximo y devastador poder: a los demás villanos uno los ve venir y los puede recibir con balas de plata o un arma Jedi. En cambio Lucio Fernando llega portándose como un bacán y diciendo “untado el dedo, untada la mano”. Nunca un villano fue tan seductor.

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