MacGyver era Colombiano

MacGyver era Colombiano

Ilustración: CaliDoso

En cierta ocasión le escuché decir a un par de extranjeros, mientras observaban a un grupo de hombres enfrentarse a una situación concreta: ‘Póngale la firma: si no se varan en ningún lugar y salen del apuro, son colombianos.

Tenían razón, además yo era parte de aquel grupo. Verán, el asunto es que mis amigos y yo andábamos de excursión. Nos fuimos de aventura desde Colombia hacia el sur y la meta era llegar a la Tierra del Fuego. Créanme, no hay nada más patriótico y gratificante que ver a un colombiano actuando en tierra ajena, donde nuestro idiolecto es reluciente y nuestra idiosincrasia es pegajosa y admirable. ‘Yo le hago lo que sea, ¿No me cree? Vea parcero, páseme el plano de un avión y yo se lo armo.’ Y colombiano que se respete habla así ¿O no?.

En carretera se reventó la polea del motor del pichirilo, mis compañeros lanzaron unos cuantos madrazos, pero claro, esa es nuestra manera de despertar la creatividad. Y como era de esperar le sacamos risa a la situación. No teníamos polea de repuesto y estábamos a unos treinta kilómetros de comprar una. Y bueno, al cabo de unos minutos nos pusimos en marcha. ¿Cómo? Sencillo, el gordo se sacó la correa de cuero e hizo lo que tenía que hacer mientras decía: ‘muchachos a lo culebrero: lo que necesite se le tiene, si no lo tengo se lo consigo, y si no existe se lo hago’.

Los dos extranjeros que ahora nos acompañaban se reían admirados. No es de extrañar que los colombianos seamos muy recursivos y que nos riamos de todo. Gracias a eso y a otros  ingredientes, nos inventamos la palabra ‘REBUSQUE’ que casualmente ha resultado ser el término que nos define.

Llegamos al centro de la ciudad a las tres en punto. Nos detuvimos para descansar y conocer un poco, así que caminamos. Al rato nos topamos con un letrero que decía: ‘BIDRIOS… la escribimos mal pero los colocamos bien.’ De una supimos que era el negocio de un colombiano, pero lo más interesante lo vimos cuando entramos; la vidriera era también tienda, droguería y restaurante. Por todo el lugar había cosas alusivas a Colombia: Fotos, artesanías, cuadros y la música de fondo; los famosos letreros con frases variadas que rezaban: ‘HOY NO LE FÍO MAÑANA SÍ’ ‘NO LE DE PENA DECIR QUE LE FIE… que yo con gusto LE DIGO QUE NO’ Y el letrero del restaurante decía: ‘AKY EZCRIVIMOS MUI MAL…PERO AZEMOZ DE KOMER MUY GÜENO.’

Ahí estaba la tierra. No parábamos de reír. Los dos extranjeros que nos acompañaban también reían contagiados. Esos dos ya eran nuestros amigos, les pedimos su correo y el Facebook, porque un buen colombiano hace amigos en toda parte. Para rematar, el dueño resultó ser músico, escritor, plomero, albañil, electricista y finalmente nos confesó que era mecánico. Terminó vendiéndonos la polea que nos hacía falta. De ñapa nos revisó el carro y quedamos listicos. Al despedirnos de los extranjeros, nos gritaron desde lejos: ‘MacGyver era colombiano’.

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