Yo me rumbeaba a la novia de Brad Pitt

Yo me rumbeaba a la novia de Brad Pitt

Al cabo de tres semanas, “mi gordito divino” se convierte oficialmente en “el idiota ese” gracias a las amigas de la entusada.

Ilustración: Angélica Cardozo - EL CLAVO

Ilustración: Angélica Cardozo - EL CLAVO

Terminar (o peor, que le terminen a uno) puede ser lo más jarto de cuadrarse con alguien. Y lo más probable es que pasemos algún día por allí porque son muy raros los casos en que uno sigue una relación hasta morir en el intento. Pero como en todo, hombres y mujeres manejamos la tusa de una terminada de formas diferentes. Cuando una pareja terminó de mutuo acuerdo –y no por falta de amor sino “por las circunstancias de la vida”–, se puede comparar casi en igualdad de condiciones.

En el caso del hombre, el único comentario que le arrancarán es “creí que me iba a dar más duro”. La primera semana está serio y retraído, pero a la segunda ya está rumbeándose a la que se le atraviese porque “hay que disfrutar de la soltería”. Sin embargo, si durante ese tiempo algún amigo le medio insinúa algo negativo de la ex, el entusado lo parará en seco, profundamente ofendido, porque “ella no tuvo la culpa de nada”. Si el tipo no se pone las pilas, acaba subiendo el recuerdo de la ex a un pedestal, y como ninguna de sus conquistas le llega a la altura, nunca va a tener algo medio serio con alguien. A eso de los seis meses de la terminada, la tusa atacará con toda su furia y el tipo será una piltrafa, con una botella de ron en la mano y escuchando una y otra vez el mismo lastimero vallenato.

Si para esa época la ex novia se volvió a cuadrar, el efecto puede ser devastador dependiendo del nuevo novio de ella. Por ejemplo, si ésta se cuadra con un tipo como Brad Pitt, hay que verle el lado amable: el entusado pasa de ser un man cualquiera, a ser el que se rumbeaba a la novia de Brad Pitt. Pero si, por el contrario, el nuevo novio de la ex resulta ser un baboso o un enano más bien feíto –al que nadie se explica ella qué le vio–, las consecuencias pueden ser apocalípticas: el entusado ya tiene la autoestima por el piso, y que lo cambiaran por “eso” puede aplastársela como a una indefensa y frágil cucaracha.

En el caso de la mujer, lo primero que hace es correr a contarle a su mejor amiga, o en su defecto al “amiguito gay” (léase amigo incondicional que la ve con ojos de hambre sin que ella se dé cuenta). Cuando ya se ha desahogado y llorado desgarradoramente durante cinco días, pasa a la siguiente fase: contarle con pelos y señales a sus otras amigas una por una. Esto tiene un efecto de bola de nieve: entre más cuenta la historia de por qué terminaron, más pedal le dan las amigas y más se convence ella de que fue lo mejor. Al cabo de tres semanas, “mi gordito divino” se ha convertido oficialmente en “el idiota ese”, como lo llamaban las amigas. Así, en menos de dos meses la nena ya ha elaborado el duelo, ha superado la pérdida y está lista para recibir hojas de vida.

En conclusión, quienes manejan mejor la tusa son las mujeres. Es increíble, pero aunque la mayoría no tienen la menor idea de qué es lo que quieren ni por qué lo quieren, sí parecen estar genéticamente mejor diseñadas que nosotros para manejar sus emociones. Por eso si no quieren que la tusa se les vuelva la compañera fiel, más vale que la sufran con toda su intensidad y luego la saquen de su vida con el mismo desprendimiento con que se bota el desecho de una mazorca.

Comments

comments