Mi ex novio se casa. Yo, ¿Me opongo?

Mi ex novio se casa. Yo, ¿Me opongo?

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Ahí estaba yo, vestida de rojo pasión. Color imparcial para un matrimonio. La ubicación sobre la barra se la debía a mi ex suegra. Llevé a Andrea como mi “más uno” y nos sentamos en el lugar. Como la invitación llegó tarde, me puso lejos donde “no pudiera causar problemas” (aún no entiendo qué tipo de problemas). A la larga, llame la atención de las miradas; el rojo no es algo fácil de disimular.

Noté que gran parte de los invitados eran personajes que habían sido testigos de primera en mi relación con el novio, Alejo. A mí los saludos y el “cómo estás de perdida” me llena estrés, me sigue sorprendiendo el grado de creatividad con el que las personas hipócritas pueden lidiar para evitar un momento incómodo, y yo, sólo quería comer pastel…

Entre una aromática y la canción Flash Junk Mind de Milky Chance fui a buscarlo. Lo encontré en el segundo piso de la casa, sentado sobre la mesa de billar, se notaba ansioso. Alejo parecía un niño esperando abrir el regalo de navidad. Nos abrazamos por un tiempo prolongado hasta que sus pantalones se pusieron rígidos y suavemente, me alejé.

De ahí en adelante siguieron los agradecimientos por la asistencia, el comentario por el atuendo y el “me encantaría que las cosas fueran diferentes”. Hubo algún tono de remordimiento en la frase que no me atreví a cuestionar, pues si él quería salir corriendo del altar, no hubiese habido un grado de responsabilidad sobre mis hombros. —Con ese traje, yo también pensaría lo mismo— respondí. Lucía como Pavarotti, era inevitable el comentario. Se rio y contestó: “hace dos años estaba a días de casarme. Ella se fue y yo quedé con la duda de por qué, ahora que vuelvo a lo mismo, siento que me faltan más cosas por hacer”. Alejo siempre quiso casarse y tener una María José y Mariana para consentir. Llegué a pensar que se estaba despidiendo y que iba a huir, pero hubo algo en esa declaración que sentí elevó su libido al techo. Y así, estábamos los dos: yo queriendo correr, él queriendo hacer lo estúpido. No lo piensen… No tuvimos sexo. Él quería, yo me opuse. No es complicado entender que a pesar de la historia entre los dos, no debía ser yo quién pusiera una duda en su decisión. Sólo le até el corbatín, lo tomé por los hombros y le dije: “esa locura llego 5 años tarde, bienvenido a la friendzone”.

Con una sonrisa bajé las escaleras y atravesé el pasillo hasta la carpa de la recepción en donde Andrea me recibe con un shot para hacer un brindis —live long and prosper Alejandro—. Le hago la seña al barman para que nos sirva otro y miro a Andrea —éste y nos vamos—.

Asumí el momento en cámara lenta mientras caminaba a la salida. Esbozaba una sonrisa mientras coreaba en la mente Blow Me (One last Kiss) de Pink. Había llegado con la esperanza de ser amiga y compañera en el momento más feliz de mi ex novio, y él sólo quería que yo “me opusiera” al momento. Me fui con orgullo y la seguridad de que ponerte un esmoquin no te quita lo hijueputa. Que si voy a ser la aventura de alguien, no va a ser en el “mejor momento de su vida”. Y que vestirse de rojo, no me da el poder para ser la perra de la fiesta. Por ahora, mi ateísmo matrimonial se perpetúa mil años más.

@LadyOspinaV

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