Mi prima Fabián

Mi prima Fabián

Fotografía: Julián David Goyeneche - EL CLAVO

Mi familia es puritana. Conservadores hasta el tuétano. Mi árbol genealógico se caracteriza por familias nucleares con múltiples hijos, familias extensas; las fiestas entre primos eran de lo mejor, las reuniones tenían que ser a campo abierto, traían el asador y los fines de semana comíamos cerca de Pradera, en una finquita veranera que le quedó a la familia de herencia.

Pero el primo Fabián no la pasaba muy bien en aquellas reuniones. Lo conocí en septiembre del 2000, primo lejano, muy lejano. Su hermana, Clara, era una niña hermosa, de un pelo largo que le caía a la espalda, de unos ojos grandes, verdes, hermosos. Yo le pregunté a uno de mis tíos por el nombre de aquella niña.

–          ¿Quién? ¿Ella? –me señaló hacia los dos hermanos que comían su porción de carne, sentados en butacas de madera –, se llama Fabián.

Mi mamá miraba feo a mi primo Fabián. Era más alto que yo, con los mismos ojos verdes de su hermana. Callado, tímido, un tanto escuálido, con una voz suave y diminuta.

–          Tu primo es gay Felipe –decían –no te juntes con él.

Ni falta hacía. No jugaba con nosotros fútbol. Acompañaba a su hermanita y las demás niñas a jugar a la casita, o al té (mentira, no jugaban al té, pero es que no me sé más juegos de niñas). Me tuvieron que explicar que era eso de ser gay y por ahí se me fue acabando la inocencia. No es natural papi, decía mi mamá, lo natural es hombre y mujer. Que el hombre se comporte como macho. Claro, que jugara fútbol como yo, y que dijera groserías, y que fumara con los niños cerca al corral de gallinas cuando no nos estaba viendo nadie.

Así que crecí dentro de una familia homofóbica. Mi propia madre, el único gay que tolera es a su peluquero. A veces, me sorprenden mis formas tímidas de homofobia, de cada seis chistes cinco son sobre gays, y en algunas expresiones, y comportamientos.

Soltaron pues, el grito en el cielo cuando Fabián, ya adolescente, empezó a salir con hombres. Decíamos que era gay, por lo amanerado –cuenta uno de mis tíos –pero nunca pensamos que nos iba a salir paquita en serio. Al primo Fabián nunca lo volvieron a invitar a los asados, su familia nunca quiso volver, no vi más a Clara por varios años.  No había reunión en la que no se hablara mal de Fabián, que lo habían visto con este, con tal, con el hijo del senador. La abuela murió sin dirigirle la palabra, ya en su lecho de muerte. La tristeza invadió las salidas a la finca. Los sobrinos eran aun niños, mis primos y yo ya estabamos grandes para vacaciones de verano, los tíos prefieren emborracharse en sus casas, con la nostalgia de la abuela y de Fabián que llama de Europa cada vez que puede.

Mi primo Fabián pintaba impecablemente. Recibió una beca para estudiar en Europa, ahora vive en Suecia con su esposo Bryan. A veces nos llama. Mi mamá tiene nostalgia hacia él, ahora anda en una onda de perdón y olvido señor de los cielos, atando cabos y pidiendo disculpas. Siempre recé para que no me salieras gay, Felipe.

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