¿Música legal?

¿Música legal?

Foto: Leo Carreño

En estos días he visto por televisión una campaña pro-música “legal”. Ésta pretende que la gente descargue música de Internet pero pagando y la estética me recordó un poco al de los comerciales que buscan fondos para erradicar la hambruna en algún país africano o a las campañas de Greenpeace… Mejor dicho, sólo les faltó poner un ejecutivo al lado de una súper estrella del pop con la mano estirada pidiendo limosna. ¡Qué descarados! Lo peor es que dicen que es por el bien de los músicos (como yo), a quienes las disqueras ya no pueden contratar por culpa de las descargas gratuitas. Esto, por supuesto, es una mentira. Todo lo contrario. Estamos ante una oportunidad histórica de cambiar la forma de apreciar y entender la música o, más bien, de revalorarla. No hay que olvidar que muchas de las cosas que hoy por hoy la representan y que damos por sentadas (como los discos, las estrellas de pop, los videos, etc.) son inventos recientes. Si la música sobrevivió y evolucionó miles de años antes de la radio, que no vengan a decir ahora que se va acabar porque las disqueras se van a quebrar. Que se quiebren pero rápido. Que los que quieran hacer arte lo sigan haciendo y que los que quieran hacer dinero se dediquen a hacer arepas.

No tengo autoridad moral para decirle a alguien que no baje o comparta mi música. Si no fuera por la red no conocería a la mayoría de los artistas que me han influenciado últimamente, cuya discografía nunca llegará a nuestro país y que en caso de llegar sería imposible de pagar. Dentro de pocos años incluso la piratería será obsoleta pues la descarga de música será tan rápida y de tan fácil acceso que nadie querrá pagar ni siquiera el ínfimo valor que hoy en día representa un disco pirata. ¡Eso sí es una revolución!

Gracias al Internet, ahora los músicos independientes podemos llegar a cualquier parte del mundo sin intermediarios y sin tener que pagar para que nos escuchen. No ganamos dinero tampoco, pero por primera vez tenemos la oportunidad de ser escuchados. Eso es mucho más de lo que nos ofrecen disqueras y emisoras en este momento. El problema es de los monopolios y de las grandes divas quienes otorgan a la música solamente un valor comercial y que por eso no soportan que los escuchen gratis. No les importa decir nada, ni ser escuchados. Sólo facturar.

Lo único que lamento es que esta campaña pro-música “legal” sea una farsa. Ojala realmente se quedaran sin dinero tantos músicos convertidos en empresarios y volvieran a hacer discos donde sea más relevante el contenido que la superproducción de sonido, la imagen y toda esa cantidad de artilugios que han reemplazado la música. Yo también dependo de la venta de discos pero tengo claro que esto nunca puede ser más importante que la necesidad de comunicar. ¡Así que compren el disco (si pueden) y compártanlo (por favor)!

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