Ni bruto ni sordomudo, sólo ciego

Ni bruto ni sordomudo, sólo ciego

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Ilustración: Pedro Galvis

Por Carlos Reyes

“Los ojos son el espejo del alma”, una cita poética e inspiradora que ciertamente no tiene ninguna relevancia en mi realidad. No es fácil tener que usar gafas sólo para alcanzar a ver lo que el resto del mundo normalmente puede ver. Todos los días tengo que lidiar con frases como “¡Ah! verdad que usted no alcanza a ver hasta allá”, y sí, es cierto, no alcanzo, pero ¿la gente debe gritárselo al mundo? Cosas como tener que usar dos gafas para entrar a una sala de cine a ver una película en 3D, es lo que hace que mi vida no sea fácil.

Por eso yo sueño con un mundo donde para nosotros sea más fácil utilizar el transporte público, donde no confundamos un taxi con un carro particular, o un bus con un camión de comida; nos evitaría la vergüenza de “ponerle la mano” a todo lo que tenga llantas y se mueva; de tener que gastar minutos llamando a nuestros amigos cada vez que quedemos en encontrarnos en algún lado o la fatiga de llegar a un lugar público y no tener idea de dónde están los que te esperan. Sueño con un mundo en el que cuando camine por la calle las personas no crean que las voy a robar sólo porque me quedo mirándolas con una intensidad inapropiada, (no es intensidad, simplemente esa persona es similar a alguien que conozco y espero que me salude para confirmar mi sospecha).

Un aspecto fundamental por el que sueño con un mundo así, es que nuestra vida social mejoraría mucho, tan sólo si la gente nos entendiera y dejara de llamarnos lucidos, picados, o la que más duele: groseros, sólo porque cuando nos cruzamos con ella en la calle no la saludamos.

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No es mi culpa, no los veo, podría pasar mi familia frente a mis ojos en un lugar público y aun así no los saludaría. La clave para un mundo como este es la consideración. Aclaro que en él aun tendríamos limitación visual y usaríamos gafas, ya que las gafas nos agregan ese factor inteligente e interesante, sólo que sería mejor un poco de comprensión a la hora de dar por sentado lo que para nosotros es un poco más difícil. Por ejemplo, sería maravilloso si en una conversación normal entre amigos cada vez que se utilice la frase “mira quien viene allá” aun sabiendo que uno de ellos no alcanza a ver, los dos finjan que sí vieron y sigan hablando como si nada. Otro buen escenario sería la frase “¿viste eso?”, en el que podríamos fingir que vimos aquello que captó nuestra atención, sólo que no hablaríamos en profundidad del tema porque en realidad ambos sabríamos que por más que lo intentamos, no lo pudimos ver.

Las gafas y el conocido término “focalizar” cuando eres alguien como yo —que necesita usar lentes todo el tiempo, pero que se rehúsa a hacerlo por vanidad, o simplemente para engañarse con la famosa excusa de que “son sólo para leer”—, a un mundo soñado, es fantasear con algo que no es real, y por más que quiera cambiarlo en este momento esa es mi realidad. Así que para todo el que no le guste este sueño, un consejo: mándeme la queja por escrito, para tener el placer curiosamente, de dejarlo en visto.

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