No más bestialidades

No más bestialidades

Parece increíble que organizaciones de protección animal, tanto como quienes se familiarizan y apoyan la causa ambientalista, puedan ser víctimas de amenazas, señalamientos y de atentados violentos, como si se tratara de una guerra mafiosa. Muchas comunidades ambientalistas han tratado de derrocar los prejuicios que se han levantado en su contra —por ejemplo los miembros de Greenpeace que eran considerados hippies desocupados y marihuaneros— y han encontrado mediante el comunicado y la publicidad más ingeniosa, la manera de generar conciencia acerca del deterioro del planeta. Aún con todo esto, hay quienes están más interesados en el lucro personal a través de las miles de especies que conviven con nosotros en la Tierra, y son capaces de amedrentar y barrer con quienes simplemente tienen conciencia de la situación y tratan de repartirla como un mensaje de ayuda.

Se ven casos como el de Paul Watson, fundador de la Sea Shepherd Conservation Society, una flota que interviene la pesca de piratas balleneros japoneses, cuyo chaleco antibalas le ha salvado la vida en más de una ocasión en su labor ambientalista. De igual manera, hay casos en los que no es necesario viajar hasta oriente para enterarnos de estos atropellos: hace unos días, Terry Hurtado, estudiante de Univalle y líder del grupo Bankiva Asil perteneciente a la Federación de Comité de Liberación Animal, vivió uno de estos intransigentes ataques y lo contó así:
“La tarde del 26 de julio, frente al circo Hermanos Gasca mis compañeros y yo repartimos volantes que informaban las prácticas del circo sobre los animales. Al acabar la jornada, caminaba frente a la zona de Multicentro (Cali), entonces sentí el golpe certero que me tumbó y luego las patadas en la cabeza. Cuando terminaron de golpearme, me dijeron que dejara de meterme con el circo, ‘¡si no la próxima te pegamos un tiro!’. Luego los tipos salieron corriendo y se escondieron en el circo. Contamos los sucesos a la policía, pero no hubo resultado. Primero llegó el ESMAD y subieron, sin razón aparente, a mis compañeros a la tanqueta. Gracias a la intervención de muchas personas, soltaron a los muchachos a media noche. Interpuse la demanda, pero hasta ahora está en reparto fiscal. Es decir, después de quince días, apenas empezará a moverse la justicia para mi caso. Es indignante”.

Actos como estos le otorgan la razón a Paul Watson, quien se salió de Greenpeace al notar que “las acciones pasivas no tenían resultado” y por eso se volvió directo en su lucha contra los cazadores de especies en extinción, incluso llegando a hundir buques balleneros. Por eso los atentados que ha recibido. ¿Será que Terry tendrá que volverse el Paul Watson colombiano? ¿Acaso la intolerancia nos llevará a una guerra por la conservación ambiental?

Ahora que urgen manos para salvar el planeta y sobra tanta violencia, vale la pena recordar la sentencia de Ghandi: “La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en el que se trata a sus animales”. Ojalá construyamos una conciencia que incluya a todas las especies que habitan en el planeta, para que hechos como estos no se repitan.

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