No más tetas y culos grandes

No más tetas y culos grandes

Foto: Angélica Cardozo - El Clavo

Una media de seda, con un liguero negro, minifalda, encaje, todos estos elementos juntos provocan una imagen perfecta para mi fetiche personal y el de muchos. Una mujer muy sexy con piernas largas y perfectas usando esto acompañado de una camisa de botones abierta, ¡sexy!… pero imagínense si además de eso la chica en cuestión, le agrega a este cocktail para el ojo, 350 gramos de silicona allá arriba y en la cola (maldigo a Natalia París por esta frase estupida)… “¿Cómo nos queda la imagen?” A mí personalmente se me arruinó.

Los fetiches han cambiado, ahora hasta los maniquís tienen tetotas y culotes. Ya las caras no importan, ya todo tiene que ser en tamaño gigante, todo se puede arreglar, todo se puede mejorar, gimnasio y luego saque los millones pa’ agrandarse los melones.

¿Por qué de repente empezaron a gustar las tetas grandes y los culos prominentes? ¿Tuvo algo que ver en esto Pamela Anderson? En los 90, ella corría por la playa para lanzarse al mar totalmente dispuesta a sacrificar su vida y salvar a los ahogaditos, los apretaba contra su seno (uno solo porque es tan grande que así parece) y los llevaba hasta la orilla ¿Será que eso nos traumó?

El ideal de belleza implantado en nuestras arcaicas mentes cambió: qué cuentos de modelo flaca acabada, culichupada, periquera y patidelgada. Ahora está de moda tenerlo inflado, grande; que se note desde lejos.

Cada día son más parecidas todas las tipas, el mismo corte las mismas curvas. No dejan ya nada a la imaginación porque como costó tanto, eso no se cubre, eso es una inver$ión y se muestra. Ya no es raro ver silicona, es común, peor aún, es normal, no importa la edad. Desde chiquitas todas sueñan con su propio paquete de quinceañera, viaje y cirugía.

Ahora la que no tiene no vende, pobre de mí que mi mercado se queda corto antes los sugerentes escotes de las chicas en la calle. ¡Qué cuento de 90-60-90! Ahora las peladas no se miden sino que se pesan. “Marica, cuántos gramos tenés… yo tengo 150 a un lado 150 al otro”. Está de moda también novio–cirujano, pa’ que las deje listitas, y los hombres de mil edades babean frente a estos pechos inflados de pollo hormonado.

Claro que cómo podría no pasar. Observemos a las perras con mayor influencia en la moda actual de nuestro pachuco país de mujeres infladas y lipectomizadas: las presentadoras de farándula. La mayoría de ellas son el espejo de la sociedad vacía y la moda ordinaria y reencauchada, se las ve lucir en las “últimas tendencias” sus más recientes alteraciones físicas: tetas, culo, lipectomía, nuevas barrigas, nuevos ombligos, nuevas rutinas, que han tenido “la fortuna” de pasar por el bisturí. Una imagen de vieja boba pero rebuena, que se come sola, que todo le queda apretado porque todo se está desbordando, mujer de traqueto, prepago.

Creo que ya nada volverá a ser como antes, todas las viejas comieron cuento de volverse “mamis” y ya somos pocas las mujeres inalteradas. El mundo se volvió de los hombres ahora sí, porque pues si a todas les dio por copiar a Pamela, los tipos bravos no pueden estar. Lo malo fue que en el proceso de volverse “regias”, las siliconudas y las operaditas se olvidaron de la media de seda, la minifalda, la camisa de botones y todos esos accesorios fetichistas que hacían a las mujeres más divertidas. La silicona nos aburrió.

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