¡No sea basura!

¡No sea basura!

Foto: Angélica Cardozo - EL CLAVO

Foto: Angélica Cardozo - EL CLAVO

Hace millones de años los seres humanos vivíamos en la selva, nos trepábamos a un árbol y bajábamos un plátano para comérnoslo, y al final botábamos la cáscara a la tierra. Ahora la mayoría vivimos en las ciudades, nos comemos unos plátanos fritos que vienen dentro de un paquete de plástico y al terminar tiramos el empaque a la calle. El plástico “puede tardar hasta quinientos años en degradarse…”, comenta el geólogo José William Garzón, director de la CVC .

La mayoría de las personas se quejan de su ciudad porque está cochina, llena de basura, pero paran en el semáforo para comprar un mango y al comérselo botan la bolsa por la ventana sin medir el impacto ambiental que esto genera. Claro que éste no es el único impacto, está el visual y el de los olores. Además, cuando los residuos sólidos no son bien dispuestos se elevan los costos para recogerlos, gastos que a la larga terminamos pagando todos. O peor aún, nuestros hijos y nietos, quienes son a los que les va a tocar la peor parte, cuando ya no haya siquiera dónde botar la basura.

En cambio, imaginen por un momento qué pasaría si todas las personas tuviesen conciencia de esto y botaran la basura donde corresponde, ¿cuánta plata nos ahorraríamos? Seguro que alcanzaría para dar educación gratuita a muchas personas que la necesitan y así en vez de tener muchos barrenderos (que son sólo para recoger el polvo y las hojas de los árboles), existirían más profesionales que vivirían mejor económicamente y a la vez podrían generar otros empleos. La ciudad se vería más bonita y algunos niños no jugarían futbol con latas de basura, porque habría hasta para regalarles balones.

Pero la basura no se queda siempre en la calle, también cae a los humedales, lagos, lagunas, ríos y desde luego al mar, afectando a las especies que habitan estos lugares. Es tanta la basura producida por la humanidad que en el Pacifico Norte ya hay una isla de basura flotante, mejor conocida cómo The Trash Vortex, en español “el vórtice de basura”, ya que las corrientes marinas han estado acumulando residuos plásticos, que al exponerse al agua y altas temperaturas se deshacen en pedacitos diminutos y se concentran en este punto, “el equivalente a un área del tamaño de Texas girando lentamente como un reloj” —informa la organización Greenpeace—. El problema es que muchas aves y peces están muriendo al tragarse estos desperdicios. Pero esto es sólo una parte del problema, porque la mayoría de los plásticos no flotan, lo cual también está afectando a las especies animales y vegetales que habitan en el fondo marino.

Espero no estén pensando en comprar un lote en esta isla, porque no están en venta, además en dónde se broncearían: ¿en la basura? Ahora que se están comiendo unas papas de paquete mientras leen este artículo será mejor que lo piensen dos veces antes de arrojar el empaque al suelo, o mejor dicho, si pusieron cuidado, seguramente ya lo están botando en la caneca destinada a los residuos no biodegradables, no olviden el de la gaseosa, ese también tiene su lugar, y cada vez que vean a alguien botar la basura al suelo, pídale que la recoja, y si no le hace caso hágalo usted mismo y luego dígale: ¡no sea basura!

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