Oda a la pereza dominguera

Oda a la pereza dominguera

Ilustración: Fulvio Obregón

No hay nada más hermoso que un domingo de relajo en la casa. Por tal razón y en honor a una práctica que hacemos comúnmente, decidí sacar a mi yo-poeta para enaltecer la noble tarea de no hacer un reverendo cu… en nuestro día libre. Espero que con estas sencillas palabras se sientan identificados:

Perecita:

Seis días te estuve esperando y por fin llegaste:

Sin el ruido, sin el estrés y sin el jefe tirano;

Ritmo de vida de constante desgaste

Y la tortura de levantarse temprano.

Hoy mi mente estará dominada

por el poder mágico de la televisión,

y mi redonda figura reposará echada

en la cama o en un cómodo sillón.

Pereza dominguera, ¡paraíso terrenal!

no existe la ducha o la ropa interior,

sólo película alquilada  de trama banal

o una repetida en la tv de SilvesterStallone.

Hoy no haré nada y es sagrado juramento:

no barreré, no cocinaré, no lavaré loza;

y con estoico valor aquí lo enfrento,

imitando el ronquido de una bella morsa.

No hay poder humano que me levante de este estado:

ni un terremoto, ni un tsunami, ni siquiera mi suegra;

pues la paz en las cobijas he encontrado

comiendo helado que es lo único que me alegra.

A la una de la tarde despertaré,

con el pelo despeinado; con aliento de perro muerto,

feliz de la vida porque nada haré,

cosa en la que ya, me he vuelto un experto.

¡Qué cuento de salir y trotar en la ciclovía!

¡Si toda la semana me la he pasado corriendo!

Hoy sólo quiero una cerveza bien fría,

y como un animal, tragar contento.

Dicen que la pereza es la madre de todos los vicios,

pero creo que en eso se han equivocado;

porque, incluso Dios, después del sacrificio,

creó el séptimo día para pasarla parchado.

El domingo se inventó para hacer tres cosas:

para nada, para nada y para nada,

exaltación a la pereza hermosa

dueña del desorden y la cochinada.

No me importa que me tilden de perezoso

pues es algo que nunca finjo

no entienden que no hay nada más hermoso

que imitar al filósofo Homero Simpson.

Aquí termina mi canto,

que mi verdad expresa,

quisiera que fuera más largo,

¡Pero es que me gana la pereza!

Domingo soleado, de largo bostezo

modorra relajante, somnolencia amiga

le pido permiso a mis pies para moverlos

porque es que hoy ¡“quiero evitar la fatiga”!

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