Open Mind: el respeto a la diversidad

Open Mind: el respeto a la diversidad

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Por Laurasofía Polanco

Dentro de la vida universitaria, y en general, se encuentra una gran variedad de personas. Estas piensan distinto, se visten distinto y simplemente, viven distinto. Sin embargo, me sorprende observar que desde la generación de padres “clásicos” hasta compañeros menores de edad, todos dicen ser de mente abierta al momento de hablar temas como la comunidad LGBTI, cuando esto no es cierto.

En la infancia muchas personas les preguntaron a sus padres qué pasaría en el futuro si resultaran ser homosexuales, y sin duda, una gran mayoría escuchó el discurso del amor incondicional por parte de sus progenitores. Pero luego, al llegar a la adolescencia no les fueron extraños los comentarios de “¿por qué no tienes novia?”, “¿Acaso no te gustan los niños?”(En el caso de las mujeres); “no se vaya a volver gay que eso es muy feo”. Tampoco falta el comentario hipócrita de la amiga materna cuyo hijo es abiertamente gay y que dice así:

“¿Supiste lo del hijo de Clarita? Pobrecita ¿no?”.

Esta contrariedad tan común en nuestra sociedad no sólo permea a los mayores, en clase he llegado a escuchar comentarios como “no soy homofóbica pero si mi vecino fuera gay no lo dejaría acercar a mis hijos, ya que me daría miedo”.

Si bien la homofobia es la aversión hacia las personas homosexuales, ¿qué les hace decir a estas personas claramente homofóbicas que ellas no lo son? Esta interrogante me quedó resuelta al ver la reacción de la noticia sobre “Nicolás tiene dos papás” en redes sociales. En un mundo donde la globalización y la exaltación de la razón se hace cada día más evidente, es esta una contradicción del discurso de una masa que quiere llamarse “Open mind”, porque al tiempo de querer verse intelectual y moderna, está poniendo a Dios en sus discursos para objetar temas tan complejos como la homosexualidad o lo satánico que puede ser el heavy metal.

Entonces, entre comentarios que evidencian la falta de tolerancia, la mente abierta se ha trasladado de ser una forma de analizar y respetar la diversidad a una moda de la vida occidental, desde las juventudes hasta los adultos mayores que pretenden, a su entender, ser receptivos a los cambios. En Colombia, probablemente se encuentran en las cátedras universitarias una mayoría extensa que dice estar a favor de los derechos LGBTI, pero si se les convoca a apoyar el matrimonio homosexual no harían el más mínimo esfuerzo. Es más, pueden encontrarse discursos bajo su techo y con voz de madre.

No necesito ser homosexual para distinguir esta hipocresía de la cotidianidad. No encuentro una coherencia entre el deseo de cambio y el personaje que han montado estos individuos de discurso incoherente. En una sociedad donde de dientes para afuera todos son de mente abierta, no faltan aquellos individuos, y más alarmante, estudiantes, que alegan que no son homofóbicos pero que no pueden tener a alguien de preferencias distintas cerca sin erizarse por la incomodidad. Esta sociedad se ha tomado como una moda el ser “open mind”.

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