Orgullo y estereotipo

Orgullo y estereotipo

Una anécdota sobre Cali y su salsa

 

“¿Que si bailo? te quemo las suelas, que es diferente”. Creí haber escuchado esa frase en la película Paraíso Travel  y desde entonces se había convertido en mi respuesta favorita cada vez que alguien me preguntaba si sabía bailar salsa.

Obvio, no soy el más experto; el poco nivel que tengo lo adquirí como cualquier caleño que ha frecuentado los lugares de salsa que se encuentran a lo largo de la calle 5ª, entre la Estación Tequendama y Comfenalco. Ustedes saben a cuáles me refiero; desde el privado con asientos cómodos, hasta el underground donde la gente baila en los andenes, huele a Marlboro High  y si tienes suerte, puedes presenciar un performance de músicos mochileros.

Pero ¿cómo no hinchar el pecho cuando al estar en otra ciudad, alguien te relaciona como un “buen bailarín de salsa” por el sólo hecho de ser caleño?

Si Cali es vendida como “la capital mundial de la salsa” y ésta se ha convertido en patrimonio cultural de la ciudad; si Cali es la cuna de una de las más grandes orquestas de salsa a nivel mundial como lo es El Grupo Niche, cuya dirección estuvo a cargo del maestro Jairo Varela (Q.E.P.D.) quien además cuenta con una plazoleta para la cultura y la recreación nombrada tras de él; si contamos con más de 90 escuelas de salsa y hemos sido campeones mundiales de este baile en varias ocasiones; si por más rockero, metalero, reggaetonero que seas, siempre vas a disfrutar de la salsa. En fin, la lista de razones es larga y estoy seguro que ya las conocen.

"¿Cómo no hinchar el pecho cuando al estar en otra ciudad, alguien te relaciona como un “buen bailarín de salsa” por el sólo hecho de ser caleño?"

Sin embargo, me tomé muy a pecho ese bien divulgado cuento de que todos los caleños somos ‘unos duros pa’ bailar salsa’ y así mismo lo adopté. Hasta cierta noche…

Me puse a tratar de impresionar a las amigas mexicanas de una prima con mis básicas habilidades de salsa y todo estaba bien, hasta que llegó a la fiesta una cubana que con su sola presencia me recordó esa canción de Jarabe de Palo que dice “En la vida conocí mujer igual a “la flaca”. Coral negro de la Habana, tremendísima mulata”.

Seré breve: la tunda que me pegó fue tal que me hizo sentir como el rolo de la fiesta (sin ánimos de ofender a nuestros amigos capitalinos). Afortunadamente, al día siguiente y después de soportar el bullying de mi prima, me enteré de que esa flaca era prácticamente una bailarina profesional de un club en Brooklyn, lo cual me ayudó a recuperar mi confianza.

Hoy en día soy muchísimo más humilde cuando me preguntan si sé bailar salsa; sin embargo, todavía hincho el pecho si alguien me pregunta de dónde soy, y lo primero que menciono al hablar de mi amada ciudad es acerca de la estrecha relación que tenemos con la salsa; cosa que espero no termine nunca.