Pájaros tirándole a las escopetas

Pájaros tirándole a las escopetas

Fotografía: La Escuela - Manizales

Desde que uno se para al frente del tablero es otro. Tiene que creerlo.  Tiene que serlo y demostrarlo. Todos los días es el reto. Es la máscara. Es la invención de una vida que no es la de uno, pero que a cada hora, a cada paso, a cada vínculo deja la virtualidad y se convierte en el ego más grande; hasta que termina por apoderarse de nosotros.

Luego viene el día de la prueba.

Los nervios están de punta. Los cuerpos tensos y las respiraciones pausadas. Es el momento en el que todos son amigos. En el que cualquier suspiro puede ser una señal. En que cada descuido, una oportunidad. En que tú, enemigo, tienes tus cinco sentido en cada movimiento, en cada sonido, en cada hoja suelta.

Las clásicas, préstame el borrador, le estoy pidiendo el sacapuntas, se me cayó la hoja. Las sobrestimadas: murmurar, acomodarse para ver al del frente, la pregunta al profesor. Las rebuscadas, escribir la fórmula en la pared, hacer gestos con los dedos, o sonidos con la boca. Las tecnológicas, mensaje de texto,  msn o Blackberry. Complejas o sencillas, todas llevan la misma estampa, ignorancia. El que copia no sabe. No puede. Si no puede, es porque no estudió.

Siempre está la excusa, pero profe, usted también fue joven; pero profe usted también se copió; profe haga como que no ve. Siempre el pretexto es que no me enseñó eso; es que no lo vimos; es que está muy difícil. Todas palabras del acorralado o, lo peor, del sinvergüenza, del que no tiene miedo de ser descubierto porque todo está a su favor, todo va en su ayuda. Pájaros tirándole a las escopetas.

Califíquelo con amor, profe.

Copia, ‘chancuco’, ‘chanchuyo’, ‘copialina’, trampa. Llámese cómo se llame; hágase como se haga, esa actitud no es más que el reflejo de nuestra sociedad. Facilista. Inmediatista.  Tramposa. Los imaginarios que lo importante es el fin no el medio; van tomados de la mano de lo que los chicos ven a diario en sus casas, en la sociedad, en los ejes del poder político y moral del país.

Termina el examen. Él sale con una sonrisa en la mano porque pensó que se burló del profesor. Tú, enemigo, sales, sin sonrisa, con la decepción de cada examen, con la idea que los métodos tradicionales de evaluación están obsoletos en los salones de clase de esta generación.

Comments

comments