Perdida

Perdida

El Clavo de terror 1

Ilustración: Eduardo Cardenas

Un extraño paseo en las sombras

Lo último que recuerdo es dejar caer mi cabeza sobre la almohada. Ahora despierto entre árboles: en medio de un bosque helado. No veo más allá de un par de metros gracias a la bruma. Suena extraño… pero, todo lo veo en blanco y negro.

No me ubico. Miro hacia todos lados: palpo con mis manos mi cuerpo en busca de algún objeto que llevase conmigo. Inútil. Estoy vacía, despojada de todo, excepto la ropa que llevo encima. Comienzo a sentir cómo mi corazón y mi respiración aceleraban bruscamente.

Intento calmarme a mí misma, pensando “todo es una broma de mal gusto”.

Me pongo de pie, sacudo la tierra polvorienta de mi ropa y comienzo a buscar algo conocido, algo que sirviera de guía. Nada. Creo que lo mejor será que explore antes de gritar… no tengo la menor idea de cómo llegué a este lugar.

 

"No puedo moverme, mientras veo la horrida sombra observándome, esperando desde la superficie."

 

Escalo unas cuantas ramas de un árbol pero lo único que veo es un tapete de hojas, una extensión de bosque que no tiene fin. Es de día, pero no logro ver el sol o alguna fuente de luz física.

De pronto, sola entre ramas, una ardilla rompe una nuez: la miro, y desciendo del árbol lentamente. Me acerco un poco y noto que ella me mira mientras clava sus dientes en la cáscara. Me detengo pausadamente mientras más me acerco.

Pero huye. Salgo corriendo a perseguirla. Brinca de rama en rama, mientras yo esquivo torpemente los troncos de los árboles con los que me topo: como si estuvieran allí a propósito. No quiero que la única señal de vida que he encontrado en horas, desaparezca mi vista.

De repente, escucho un extraño ruido acercarse. La bruma está más densa con cada paso que doy, y siento que el frío tuerce mis huesos. ¡Por fin! Se trata de un río. Casi caigo en él. Levanto la cabeza y la ardilla se aleja rápidamente, de brinco en brinco.

El agua es como petróleo. Miro un poco más arriba y veo que fluye en dirección opuesta a la pendiente. Mi corazón quiere estallar, me inclino y estiro mi brazo.

Mientras las puntas de mis dedos tocan la superficie, alguien me da un empujón violento por la espalda y caigo bruscamente al agua. Giro lo más rápido que puedo y abro los ojos topándome con una esa sombra deforme, sin boca ni nariz, con ojos sin pupila que escarban mi alma en busca de desesperación.

Intento gritar, pero siento que el agua se abre paso hasta mi estómago. Entonces, estiro mi brazo para salir del agua. Casi que no lo puedo mover. Estoy entumecida: no siento frío, ni el agua rodearme. No puedo moverme, mientras veo la horrida sombra observándome, esperando desde la superficie. Desesperada, siento un roce leve sobre mis mejillas. Abro los ojos nuevamente y el aire frío que entra por la ventana me raspa mi piel.

Me levanto y cierro la ventana. Me estaba congelando.

 

Autor:

Camilo Van Der Huck