Pinte aquí y gánese un pedazo de muro

Pinte aquí y gánese un pedazo de muro

¿Cuántas veces al entrar a un baño o al sentarse en un pupitre no se ha deleitado con las ingeniosas frases que algunos han escrito en paredes y escritorios? ¿Quién no se ha reído con los dibujitos de profesores plasmados en las puertas de los sanitarios, en las paredes de los salones o incluso en el espaldar del asiento del bus? Son frases anónimas, pícaras, chismosas, revoltosas, aburridas y en algunos casos, amenazantes. Pero tranquilos, es cuestión de expresión.

Los grafitis ya no son algo escandaloso ni algo sublimes; están ahí, en las universidades, en muros de salones, en la cafetería, en los baños, en los pupitres, en el piso, en las señales; recuerdan viejas luchas, pasadas glorias, arte, desastre, decadencia, rebeldía. Algunos, dignos de ser exhibidos; otros sólo dejan ver el resentimiento y el vandalismo.

Esta expresión se matiza y decae en calidad y cantidad en cuanto aumenta el estrato. Comienzan como gritos, tal vez justos, tal vez de la izquierda, tal vez de la derecha; como obras de arte en grandes muros, como murales gigantes de muralistas no tan famosos; se van degradando, se van achicando y van perdiendo color y definición. Ya para cuando llegan a las exclusivas universidades, se han convertido en pequeñas frases de cajón, en mensajes en las paredes de los baños y en los pupitres, que denigran de la castidad de una de quinto semestre, de la sexualidad de un ‘primíparo’, o promocionan los servicios prepago.

¿Cultura? ¿Arte? ¿Vandalismo? Bastante se han gastado en eso. “Que pa’ eso está el lienzo, que pa’ eso tiene el papel, que esa no es la forma, que si quiere pinte la pared de la casa, bla bla bla”. ¿Pero acaso creen que se trata de rayar por rayar? Claro, existen algunos, varios, que simplemente quieren rayar y creerse malos, escribirle a Yurleidy que “te amo mamacita rica… llámame”, pero el real espíritu es la necesidad de expresar un sentimiento ahogado, es la necesidad de apropiarse de la ciudad, de la universidad, de los espacios públicos, es como pintar el cuarto, ponerle posters, y decir “esto es mío”. Es una cuestión de apropiación de espacios, que es uno de los medios por el cual se logra sentimiento de pertenencia por la ciudad y por la U, que gran falta nos hace.

No es que esté diciendo que sólo pintando las paredes se logre reactivar el civismo y el amor por la ciudad, y habrá algunos que estén diciendo que dañar las paredes no es tener pertenencia, pero sólo quiero que entiendan que un joven que hace esto no lo hace para dañarle el genio a algún funcionario o algún buen ciudadano, lo hace porque es la forma que tiene para expresarse y sentir suyo el espacio donde convive.

Obviamente, esos letreritos con lapicero o con navaja sí son simple vandalismo, y no tienen nada productivo ni nada enriquecedor, pero sería muy interesante que en las universidades se propiciaran espacios para este tipo de expresiones; sería una forma de darle cabida a la necesidad que todos tenemos de gritar lo que sentimos y de hacer nuestros esos muros tan insípidos.

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