Piropomanía

Piropomanía

Fotografía: Diana Katherine Saavedra - EL CLAVO

No sé qué es lo que despierta esa sensación compulsiva de miles de hombres de todas las edades -aunque en este caso me referiré a los críos- de lanzar piropos cuando una mujer tranquilamente cruza una calle, camina las cuadras, o simplemente está esperando un bus en un paradero. Duré mucho tiempo reflexionando cuál era esa razón, y de ver tantos casos recurrí a la Real Academia de la Lengua Española para cifrar la palabra manía, allí encontré: “Especie de locura, caracterizada por el delirio general, agitación y tendencia al furor”, y en sí, considero que ésta sería la definición más adecuada para lo que les voy a comentar. 

Me encontraba de viaje en la ciudad de Medellín, se trataba de una excursión de niños desde los ocho años hasta los dieciocho. Era la única joven en un bus con más de treinta niños en plena época de pubertad. Todos jugadores de fútbol, cuando se trasladaban de un lugar a otro -según la cancha donde disputaban sus partidos- no perdían la oportunidad para mirar por la ventana algo más que los lindos paisajes de Envigado y Guatapé. 

Puntualmente, quiero recordar ese día en el que hubo un trancón impresionante, debido a los juegos pirotécnicos por el bicentenario. El avance era a paso lento, pero aquellos hombres no descansaban, aprovechaban que pasaban millones de hombres y mujeres por las ceras de la ciudad para no despegar en ningún momento el ojo de la ventana,  que en su ojeada indiscreta entre las paisas, empezaban a gritar como locos “Uff, estás divina, espéreme un año que yo a usted le doy es todo”, o “Mamacita, por qué no deja que me la lleve a Cali”, o “Qué adelantada va la ciencia que hasta los bombones caminan” . 

Ahí fue donde me di cuenta que era un delirio general con tendencia al furor y ni decir a la agitación. Tanto era la euforia por encontrar niñas bonitas, que hasta a nuestra única imagen femenina en el bus le ofrecieron un canje: “Encontrá una pareja que esté bien buena, vos te quedás con el man y yo con la vieja”. 

Tal vez estamos hablando de adolescentes, deportistas, y en pleno sol -afrodisíaco natural- que dicen que eleva la producción de testosteronas – la hormona sexual masculina- y que ante la poca cantidad -por no decir nula- de mujeres jóvenes que iban en el paseo no veían la oportunidad inadecuada para desahogar el calor que llevan en su cuerpo con un piropo. 

Está claramente dicho que  las mujeres nos estamos cansando de los piropos gritados en la calle, no sólo para los que prometen casa, matrimonio, cariño, en fin, sino para quienes se sobrepasan con unas frases que atentan a la integridad femenina. A usted como hombre -que no sé si le gusta mucho este artículo- no le gustaría estar cruzando la calle y que una mujer le diga “Como quisiera que estuvieras en mi frutero, mango podrido, porque ya te pasaste de bueno”. Si ustedes son de los que aún creen que con un piropo como estos va a conquistar, bájese de esa nube, porque lo único que conseguirá son insultos, golpes, o en el mejor de los casos una mirada desafiante. 

Así, que para quienes estén en la escuela de la manía del piropo, les doy un consejo que aspiro que lo tomen con toda la calma ya que les emite una mujer franca -y hablo también por los hombres que han sido víctimas del acoso del piropo- la seducción es una herramienta que muy pocos saben manejar y dominar, es casi un arte, no hay como dejarle algo a la mente de una mujer -o de un hombre según el caso-  no decirle que le daría cosas que no le puede dar, no ilusionarle de entrada, no montarle en un pedestal, no gritarle cosas que seguramente no puede decirlas de frente, ya sabemos que a veces se quiere ir rápido, pero el piropo no es la salida. 

Recordemos cómo Neruda conquistaba a sus mujeres: “Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso. Qué soledad errante hasta tu compañía”, un hombre que sabe ir despacio, y que disfruta la compañía de la mujer. Para qué decirle : “No tengo pelos en la lengua, y cómo me gustaría que lo comprobaras” si no tiene la posibilidad de tenerla cerca para que realmente lo compruebe. Puede ser que el poema, para algunos hombres, esté mandado a recoger, pero por favor, ¡Dejen la manía a tirar piropos!

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