¡Qué emoción, un emoticon!

¡Qué emoción, un emoticon!

EMOTICONNo moleste que lo sapeo con mi mamá, tengo el computador ocupado. ¡Juegue Play y no azare!

Ahora que necesitaba el computador me gane esta peladita, tan raro mi hermana dañándole a uno el parche. Nunca usa el computador para algo útil, sólo para chatear bobadas con las amiguitas y bajar fotos de cualquiera de esos tontos de moda. Se le está notando la adolescencia, ¿será que yo era así a su edad? No creo, me acordaría, sólo nos llevamos dos años.

Oiga que necesito mandar una cosa del colegio, ¡apúrele!

Yo con este afán de mandar la foto, le prometí a ella que se la mandaba esta noche y que ella me mandaba la suya, queríamos que llegaran al tiempo, en perfecta sincronización.
Ella se llama Mona. Bueno, no se llama así pero es su nombre en el chat. Uno trata de ponerse un nick para que la gente sepa algo de uno pero no todo, ahí está lo interesante, que quede alguito para después. Mona y yo nos conocimos por un compañero del colegio: el man me la presentó en el chat y me dijo que era una vieja lo más de bacana y que seguramente me iba a caer bien. Me la presentó y no se imagina cómo cambió mi vida; me hizo crecer y pasar de ser un niño a ser un hombre, un hombre enamorado. Esa noche que la conocí estaba con mi amigo en su casa, era 28 de diciembre y estábamos jugando Playstation. Esa noche habíamos terminado de jugar y él entró al chat, me la presentó, nos saludamos, copiamos los correos y listo, chao, chao. Es que yo soy un poquito tímido.
Después de año nuevo, estaba en mi casa navegando sin mucho qué hacer. Estaba descargando una canción de Coldplay simplemente perfecta y en eso entró Mona al chat y me saludó. Que cómo estaba, que ella también estaba aburrida, que estaba con una amiga en un café del centro comercial porque en la casa la molestaban mucho. En fin, comenzó a contarme sus cosas y nos dimos cuenta de que éramos muy parecidos, nos gustaba la misma comida, aunque a ella no le gustaba mucho mi música… pues, en algunas cosas estábamos de acuerdo.
Pasaron los días y nos encontrábamos desde las salas de sistemas del colegio o en un café Internet, y cada día nos dábamos más cuenta de lo imposible que era lo que estábamos sintiendo. Tratábamos de hacerlo más interesante y más profundo evitando darnos datos muy personales como dónde vivíamos, o cosas de nuestros padres; lo único importante éramos nosotros mismos y nuestro amor. Ella me mandaba correos con dibujos bonitos y frases que me llegaban al alma, era como si nos conociéramos de otra vida, como si nuestras almas se encontraran nuevamente después de atravesar cien años de soledad.
Esa noche, casi tres meses después de habernos encontrado en la red, nos prometimos enviarnos una foto para así materializar un poco más nuestro sueño, para que las noches tuvieran un rostro más definido. Aunque nos prometimos pasar al menos seis meses de novios por chat antes de encontrarnos, este paso, tener su imagen, era definitivo, una prueba de nuestra confianza y amor.
Claro está, si mi hermana se para del computador.

– ¡Que te parés del computador que ya está muy tarde!
– ¡Eh, hacele pues! Sí que azara este niño.

Al fin puedo mandar mi foto, ya son las diez y media y ella me quedó de mandar su foto a esta hora. Le voy a quedar mal por culpa de esta culicagada. Me siento frente al computador, saco mi memoria USB llena de música y trabajos del colegio, entro a mi correo, adjunto la foto y en ese momento aparece un mensaje en la pantalla. Mi hermana había dejado conectado el chat con su usuario.
“Hola Mona, ¿ya le mandaste la foto a tu amorcito?”.

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