¿Que los opuestos se atraen? ¡La chimba!

¿Que los opuestos se atraen? ¡La chimba!

Ilustración: Raquel Muñoz - EL CLAVO

Esta creencia es la más tradicional entre todos los románticos que quieren protagonizar un novelón en sus vidas: un Pepito Pérez cualquiera, feo, pobre y tonto, casándose con una Fulanita DeTal reconocida, hermosa, adinerada e inteligente. ¡Ja!

Lo positivo-negativo es un concepto del Electromagnetismo extendido a las relaciones interpersonales cotidianas, que se explicarían mejor con los principios de la alquimia, con aquello de las feromonas y las reacciones químicas corporales.

Si dicha asociación fuera correcta, un indígena Paez tendría asegurado su matrimonio con una paisa de estrato 6 sin intereses económicos de por medio; a una negra del pacífico colombiano le sobrarían los novios rolos sin que esto sea prostitución; un cojo bailaría feliz con su novia triatlonista sin que ninguno sienta que está pagando su karma.

Estos casos serían válidos por el sólo hecho de que en el amor los que son diferentes tienen que estar juntos porque sí. Obviamente es falso, pero como confiamos a ciegas en lo que se dice popularmente del amor y nos gusta el mayor número de excepciones a todas las reglas, todavía creemos que somos capaces de buscar una pareja a partir de las diferencias que tenemos con ella.

Es posible desmentir este mito existente alrededor de los opuestos con una idea simple. Arranca desde la originalidad de cada ser humano, de las características que nos hacen únicos, las que se evidencian en una personalidad individual y que nos dan una identidad.

Y ahí está la clave. ¿Qué pasa socialmente (y realmente)? Rechazamos, o más bien, no aceptamos lo que es diferente a nosotros, otros, porque no son iguales a nosotros, porque no se parecen a lo que nosotros somos o tenemos, porque no nos sentimos identificados en los demás. Los aprobamos a regañadientes para que no nos encasillen en alguna forma de irrespeto y discriminación. Pero nada más.

¿Por qué pensar que si a ella le gusta el reggaeton y a mí la música clásica, la relación durará por siempre? Porque todavía creemos que el amor es un chispazo en los electrodos de una batería. ¡Pero no! Eso es un corto circuito y punto. Después de eso no queda nada: oscuridad y un olor a cable quemado que hay que cambiar inmediatamente.

¿Qué hacer entonces? Pues mantener la esperanza del amor en otro mito, el de la media naranja, siendo conscientes de que tampoco existe, que es otro cuento. ¡No es posible encontrarla porque todos somos diferentes! La única manera de que aparezca una fruta completa es que haya sido una sola, la misma, cuyas partes sean idénticas (y ni así volverían a ser la misma fruta original). Y como todos somos distintos, olvidémonos de que alguien igual a nosotros va a existir (y si existiera, qué aburrido sería tener a mi lado a mi-otro-yo). Lo más cercano sería una naranja con una toronja o mandarina, pero hasta allí. Ese es el límite al que nuestra tolerancia puede llegar para establecer realmente una amistad o un romance con alguien.

El secreto de las relaciones es la identidad, sentirnos afines con lo común, vernos reflejados en lo que para nosotros es fundamental en el tiempo. Las diferencias, por defecto (cuadrarnos con una mora) o por exceso (con una guanábana), habrán de encargarse de complementarnos, de darnos variedad, pero no de unirnos en un peligroso corto circuito de polos opuestos.

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