¡Qué viva la calle!

¡Qué viva la calle!

Ilustración: Diana Marcela Cuartas

Odio trabajar, lo digo de verdad y para todo aquel que levante el dedo de manera acusadora cuando lea esto por favor déme unos segundo para explicar las razones por las cuales pienso cosas así.

No es que no me guste trabajar, la libertad de ganar mi dinero y hacer con el lo que se me venga en gana es genial, esa parte del trabajo es la mas aspera, el día de pago, el mejor fin de semana del mes se llama quincena.

La parte fea del trabajo es la ausencia de “callejeo”, no hay horas libres para solo pensar tontadas, ni para andar por ahí con amigos, la mitad del tiempo uno esta tan ocupado que ni siquiera se le ocurre hacer nada, probablemente a esta altura todo el mundo piensa que soy una vaga degenerada, creo que lo soy, pero hay dos clases de vagos, el que que trabaja para ser vago y el vago que no trabaja.

Soy parte de la categoría uno, el vago trabajador, este es el caso de el hijo de la vecina que trabaja de cajero en el éxito y llega todos los días a las nueve, ese muchacho si que trabaja pregona la señora de enseguida, lo están explotando, ahora nadie sabe que a pesar de que el ayuda con el arrendó a su mama, se fuma una libra de bareta al mes y es alcohólico empedernido, eso es un vago.
La cosa es que este vago TRABAJA para ser vago, se mulea 12 horas cada dia, le pasa el dinero a mama y deja lo suyo pa las cositas, a le ojo no le gusta ser cajero, pero lo hace lleva en la buena a mama y se da su gustico. Normal nadie debe juzgarlo.

Existe la categoría dos, este es el caso del hijo de la señora cuyo patio colinda con el mio, ese man se levanta a la una de la tarde, no trabaja ni hace nada trata a la mama a las patadas y es un bebedor, eso es otro vago.

La cosa es que aunque odio trabajar por que no me queda tiempo para vaguear, en realidad trabajo para que la poca vida que me queda sea para medir calles, la verdad yo no comprendo como existe gente que piensa que todo acto de vagancia es malo, si yo estoy todo el día sentadota en una oficina viendo el reloj pasar lentamente cada segundo mas largo que el anterior, al final no he visto nada, no me he enterado de que pasa con el mundo ni con nada entonces salgo a saciar las ganas que quedan me de ver el mundo y el unico mundo posible para ver esta en la calle. Es muy peligrosa pero también muy real, pasan muchísimas cosas al tiempo, mucha información y gente de todo tipo, esa realidad es un atractivo, la calle es como un buffet de experiencias del que nadie que quiera sobrevivir en este mundo agresivo debe de perderse, a veces “callejear” no es solo estar por ahí sin hacer nada, estas experimentando el mundo, al chofer sudado de bus y su lucha diaria para comer, a la chancera que aburrida que ve pasar el día sin nada mas que un sello y sus libretitas, escuchas las opiniones reales de la gente no las idiotadas de la televisión, la vida no es una novela de Thalía, alguna gente no lo sabe porque no dejan su casa la calle les da miedo les inspira respeto. Así que creo que mi vagancia auto patrocinada no es mala, yo respeto la calle por que veo muchas cosas reales y cada dia que pasa me aprendo un nuevo truco.

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