¡Quiero dormir!

¡Quiero dormir!

Foto: Raquel Muñoz - El Clavo

Recuerdo mis épocas de estudiante universitario, cuando mantenía como zombie a causa de las madrugadas a clase o a repasar, el trabajo, las visitas a la novia y las trasnochadas en el anfiteatro estudiando anatomía. Era tanto el cansancio acumulado que a veces nos quedábamos dormidos en un ambiente rodeado de formol y cadáveres disecados por doquier. Claro que luchábamos para que no nos pasara porque existía la posibilidad de ser despertado con una mano o brazo disecado. Al otro día siempre eran muchas las siesticas que uno se pegaba con aquellos profes que tenían el propio remedio para el insomnio (una voz arrulladora y un tema que no sabían vender). La situación empeoraba si adicionalmente nos tocaban turnos nocturnos y de fin de semana. Al final éramos una horda de universitarios agotados, con disminución de la concentración y el aprendizaje, en otras palabras cumpliendo con ir clases, escuchando sin atender y con muchas alteraciones del sueño.

A la hora de preparar un examen o un trabajo ya queríamos dormir, porque la mayoría como buenos colombianos “dejamos todo para el final” y por eso recurríamos a prácticas de doping legal y tradicional como el café (“tinto”) y café más Coca-Cola (coctel heredado de las generaciones de los abuelos universitarios). Hoy se dispone de otras sustancias como Red Bull y la última moda de Coca-Cola con Aspirina. Si bien es cierto que el café como estimulante a corto plazo activa nuestros sentidos su uso excesivo puede crear dependencia, generar gastritis, insomnio, temblores y disminuir la atención. La Coca-Cola también estimula porque contiene cafeína y quien sabe cuántos más  componentes  adictivos (dicen que hoy en día ya no tiene coca). De Red Bull se conoce que produce disminución de la concentración y temblores cuando se consume en exceso. De la Coca-Cola con Aspirina no hay estudios serios sobre los efectos adversos en la salud o de su efectividad a la hora de mejorar las capacidades de estudio.

Hubiera dado lo que fuera por haber tenido algún consejo serio y sano sobre cómo manejar mis hábitos de estudio y el sueño, pues al final de cuentas agregando la gran cantidad de turnos que te ponen  a hacer de noche en el internado y en el  rural me gané un insomnio que me llevó mucho tiempo llevar a niveles tolerables para que no afecte mi desempeño laboral, académico y…
Lo primero que debe hacer cada uno es conocer su hábito de sueño: “alondra” o “búho”. Si le gusta y puede levantarse temprano (antes de las 6 a.m.) sin lamentarse de tener que ir a estudiar  o trabajar, y adicionalmente a las 8 o 9 p.m. ya esta durmiéndose significa que usted es una “alondra”, en  este caso estudie en las madrugadas. Si por el contrario le cuesta trabajo quedarse dormido antes de las 11 p.m. y le es difícil madrugar usted es un “búho” (léase trasnochador) que debe estudiar en las noches, no se ponga a tratar de imitar a los que madrugan que generalmente son personas que se preparan con más anticipación.

Se pueden tomar una o dos tazas de café mientras estudian y “echarse” agüita fría en la cara que aunque suene muy obvio es muy efectivo y no tiene contraindicaciones conocidas. Para “fijar” los conocimientos en la memoria asegúrense de dormir después de estudiar un sueño reparador, es decir, que sea suficiente para que te despiertes descansado. Eso sí, el fin de semana aprovechen para recuperar las horas de sueño perdido y antes de emprender una nueva batalla para leer o estudiar cosas absurdas que los profes tratan de enseñar de acuerdo con los currículos de la U pero que como profesional tienen poca o ninguna aplicación (ya que para aprender  cosas interesantes y prácticas de buenos docentes no se necesita ningún esfuerzo) asegúrense de dormir, dormir bien.

P.D. Si sufren de insomnio, es decir, dificultad para quedarse dormido y/o despertares frecuentes durante la noche y amanecen cansados visiten un médico que conozca del tema.

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