Quiero ser ‘traqueto’ pero me da miedo

Quiero ser ‘traqueto’ pero me da miedo

Ilustración: Paola Andrea Fajardo

Siempre me han gustado mucho las marcas, tomar cocteles, meter una que otra maricada, andar con hembritas locas, poder movilizarme en carro y pegarme rumbas en las que uno ve el sol y después de desayunar seguir tomando.

Nunca fui rico, sino una persona más bien acomodada hasta que la mala situación económica me dejó sin vehículo, sin tarjeta y gastando poco. Así que el día que conocí al viejo Mike, por una amiga que andaba con él (obviamente de prepago), pude ver lo que es tener plata de sobra, lo que es que te tengan respeto, te teman, se te arrodillen para que pases a un V.I.P. porque saben que tienes un fierro y un montón de dólares bajo el colchón.

No voy a describir a Mike, sólo voy a decir que sobre su mesa había cerca de 5 millones en trago, otros 5 millones en drogas y con sus acompañantes cerca de 50 millones en cirugías. Ese día yo si mucho me había comprado una pepa, no fue nada para todas las que el viejo Mike comenzó a meterme a la boca como si fueran Frunas. Yo ese día me había tomado un coctel y pare de contar.

Tampoco para todo lo que me mostró cuando nos fuimos a rematar a su apartamento y abrió un closet lleno de Buchanan’s, Oldparr, y varias champañas caras como si fueran bolsas de leche.

Me había llevado un jean Diesel viejo, unos zapatos Adidas que tengo hace un año, una camisa Zara. El viejo ‘Mike’ me mostró toda una sala llena de ropa importada aún con las marquillas y me dijo que escogiera algo. Yo iba con la intención de hacerle la vuelta a una flaquita amiga mía, eso tampoco se pudo comparar a la actriz porno que escogió para que yo me la llevara al cuarto. Luego me mostró fotos de todos los países que había visitado, los carros que tenía, sus motos. A la hora, cuando salí de mi faena encontré muchos televisores, varias consolas de videojuegos, muchas más hembras, mucho más trago y la rumba siguió hasta el domingo.

El lunes cuando llegué a mi puesto de practicante de periodista barato y mi jefe me regañó por haber cometido un error de ortografía en una noticia, comprobé “lo libre” que era ‘Mike’, lo fugaz que vivía día a día. Tal vez él no pase de los 50, tal vez lo maten o lo metan a una celda. Pero quizá va a vivir en unos pocos años, lo que a mí me tocará con sacrificio y trabajo en toda una vida, y lo más seguro es que no lo alcance ni en la mitad.

La verdad yo soy muy perezoso. A veces el viejo ‘Mike’ me llama, me pregunta que cuándo es que me voy a montar en el “avión quemado”. Yo le respondo que soy un miedoso. Pero todos los días la idea me ronda la cabeza, me acuerdo del despilfarro, el degenero y me dan ganas.

Aunque quién sabe a cuántos me tenga que llevar a la tumba para tener el estatus de ‘Mike’. No sé, voy a esperar, quizás en unos años un día me levante del puesto, le pegue un puño al jefe de turno y me ponga a voltear con ‘Mike’.

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