#Reseña: The Martian

#Reseña: The Martian

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Mark Watney despierta boca abajo en medio de una tormenta de arena, lo cual no sería tan grave si su traje no estuviera roto, no estuviera en Marte y no fuera el único humano en todo el planeta. Con semejante premisa, es mejor agarrarse duro porque se viene una emocionante lucha por la supervivencia en la que el ingenio, el buen humor de Watney y la extrema hostilidad del espacio exterior no dejan de sorprender en cada página.

Esta historia está tan llena de trabajo duro y golpes de buena suerte como la de su autor, AndiWeir, un desarrollador de software con un gusto inusual por la ciencia y particularmente por la mecánica celeste, especialmente útil para predecir dónde van a estar los planetas o qué ruta hay que seguir para aprovechar su gravedad en un viaje por el sistema solar. De hecho se aficionó tanto al tema que programó su propio software para calcular las órbitas que debían seguir sus personajes en el libro y hasta verificó con expertos la física que gobierna los paneles solares y los recicladores de aire con los que sobrevive su astronauta. El resultado es una asombrosa obra de ciencia ficción dura que, excepto por la tormenta de arena un poco exagerada para propósitos dramáticos, es absolutamente real hasta la más mínima caloría consumida por Watney o el voltaje preciso para reparar sus instrumentos, tal y como lo hubiera hecho Julio Verne a finales del siglo 19.

Aunque fue publicado como libro de pasta Duraen 2014, este ganó la votación en GoodReads.com como mejor libro de ciencia ficción del año, la obra empezó como una historia publicada gratis por entregas en el blog del autor. Gustó tanto, que le pidieron subirla a Amazon para poderla descargar más cómodamente en un Kindle a 99 centavos de dólar y le fue todavía mejor. Ahora el legendario Ridley Scott está filmando una adaptación para cine (TheMartian: StrandedonMars) que a finales de 2015 nos mostrará a Matt Damon viviendo la emocionante aventura de Watney por volver a casa. Nada mal para un escritor aficionado, ¿verdad?

 

Escrito por Andrés Meza Escallón  @ApoloDuvalis

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