Sansón en el Siglo XXI

Sansón en el Siglo XXI

Sanson en el siglo XXI

Recuerdo que un día utilicé un champú con un envase azul llamativo. Tengo la costumbre de leer las etiquetas de los envases, pero esto nunca hace que cambie de opinión, es decir, saber que un líquido para el pelo tiene X o Y característica, a la larga, no hace que desista de la idea de utilizarlo; entonces digamos que leo la etiqueta, por decirlo de alguna manera, por mera cultura de baño.

Pues bien, después de leer las características estéticas del champú y los componentes que más bien parecen una clase de química que cualquier otra cosa, le di la vuelta al envase y el sticker del frente decía “Strong Power”. Inmediatamente vinieron a mi mente toda clase de imágenes, pensando en la fuerza que iba a obtener después de utilizar el champú: era hora que el mundo viera nacer al Sansón del siglo XXI. Me apliqué el champú con gran rigurosidad y de forma implacable masajeando la cabeza (digo cabeza, aunque suene muy simple, ya que desconfió de la expresión cuero cabelludo). Mientras pensaba en el poder que iba a obtener.

El poder en sí resulta ser algo extraño, pues no siempre tiene relación con las cualidades o competencias de las personas. Considero que simplemente, a menos que usted sea tan tostado como Hitler y lo busque sin importar los medios, es algo con lo que usted se topa por alguna razón. Lamentablemente casi siempre cae en malas manos. Creo que el verdadero problema con el poder es que tiene relación directa con nuestro ego y entonces, apenas somos conscientes que lo tenemos en cualquier contexto (amistad, laboral, familiar), creemos que él mismo nos da el derecho de pasar por encima de los demás.

Por otro lado también considero que el poder está estrechamente ligado con la locura, algo que se ha podido evidenciar a lo largo de la historia. Tomemos como ejemplo a Calígula, al cual le dio por nombrar a su caballo como Senador (es probable que éste haya desempeñado un mejor papel que los políticos de la época, pero esto nunca nos lo han contado), siendo esta idea una tontería comparada con el resto de sus aberraciones.

Pero para no ir tan atrás en el tiempo, Maduro asegura que su fallecido comandante Chávez le habla a través de pajaritos. Se evidencia entonces que a medida que el poder incrementa, también lo hacen nuestros desequilibrios mentales.

Finalmente terminé decepcionado el día que utilicé el Strong Power. No me convertí en el Sansón del siglo XXI, ni se me agudizó ningún sentido o algo por el estilo. Claro está que tampoco presencié un robo, ataque terrorista o accidente de carros al borde de un acantilado. Esto para no haber permitido que algún carro rodara cerro abajo, como para haber puesto a prueba mi fuerza y poder adquirido después del baño.

Sólo espero que si algún día llego a tener mucho poder, éste no me corrompa, enloquezca y me nuble las entendederas, como parece hacerlo con el resto de mortales. Creo que el mejor poder que podemos tener es ayudar a los otros, sea cual sea nuestro tumbao como personas y/o profesionales.

Comments

comments