Se nos está acabando la papa

Se nos está acabando la papa

Foto:Raquel Muñoz - EL CLAVO

Resulta difícil pensar en crisis alimentaria cuando los alimentos se desbordan de las vitrinas: los estantes de los supermercados están repletos de comida, las panaderías llenas de panes, y los pollos brillan en medio de las brazas en los asaderos. Pero así es y no es nada nuevo. Desde 1798 el pensador inglés Thomas Malthus advirtió las consecuencias del acelerado crecimiento de la población humana con relación al crecimiento de la producción de alimentos.
En términos generales, la ley de la oferta y la demanda es un principio básico para entender las dinámicas económicas: cuando la oferta es alta y la demanda baja, bajan los precios; si la oferta es baja y la demanda alta, suben los precios.
Pues bien, es fácil, en este momento hay una baja oferta de alimentos y una demanda alta de los mismos, ya que somos millones de seres humanos los que necesitamos comer. Es por esto que una libra de arroz costaba alrededor de $600 el año pasado, y hoy está rondando los $1.800 y sigue subiendo.
Nuestro modelo económico basado en el consumo y crecimiento acelerado nos conduce por una senda devastadora, y con el ánimo de seguir creciendo y de engordar el tan mencionado P.I.B. (Producto Interno Bruto), el modelo capitalista nos empuja a un frenético consumo que nos está llevando a acabar con nuestra propia casa, la Tierra. El modelo de libre mercado que se impuso a nivel global, favoreció el crecimiento económico de países como China e India en donde aumentó el ingreso de sus habitantes, así como la demanda de alimentos y de insumos para producirlos. Su modelo les permitía vivir con 600 calorías al día. Hoy 1300 millones de chinos demandan una dieta con 1000 calorías al día y se ubicarán alrededor de 2000.
Esto, sumado a los altos precios del petróleo y su consecuencia inmediata, la utilización de maíz, trigo, caña, palma africana o cualquier otro producto agrícola que sirva para la producción de biocombustibles hacen que se encarezca la comida, que estamos quemando en nuestros vehículos. En Colombia hace rato que no se cultiva comida, ni siquiera maíz; comíamos excedentes de producción de otros países que ahora nos venden más caro porque ha aumentado la demanda e insistimos en cultivar extensivamente palma africana o caña de azúcar, socavando aún más la crisis del calentamiento global y de los alimentos para mantener un ritmo de vida ineficiente, consumiendo combustibles fósiles en exceso, sin asumir una posición coherente con la coyuntura actual.
Dios proveerá”, reza una frase bíblica, pero si no tomamos consciencia de nuestra responsabilidad individual no se vislumbrará solución para la crisis: ningún gobierno busca alternativas reales, algunos hablan de productos transgénicos, otros llegamos a deprimirnos frente a tan aciago futuro. Lo mejor que podemos hacer es asumir una posición consecuente en nuestra relación con la tierra, los alimentos y las fuentes de energía, reciclar, caminar, transportarnos en bicicleta, no desperdiciar agua ni energía eléctrica, sembrar árboles y demás clichés que se han creado en torno al medio ambiente, ya que todos vivimos en un solo lugar con 6.709.960.000 habitantes: el planeta Tierra.
La palabra economía viene del griego “oikonomía” que significa administración de una casa o familia, y es una ciencia social que estudia las relaciones entre los procesos de producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios. Tal vez cuando la mayoría tome consciencia de lo que pasa en nuestra casa —la tierra—y con nuestra familia —la humanidad—, las perspectivas sean otras.

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