Somos pelos de la misma perra

Somos pelos de la misma perra

Por estos días he estado pensando mucho en la igualdad. Dentro de mis conceptos siempre he pensado que “todos somos iguales”; pero lo pongo entre comillas porque de alguna forma esa frase es como una frasecita de cajón que, me imagino, a muchos nos inculcaron para ver si podíamos lograr un mundo mejor, pero por más trabajo que se haya hecho al fin de cuentas me parece que no nos sentimos del todo iguales.

El tema de la discriminación nos mama más gallo del que creemos y por eso voy a poner algunos ejemplos:

Cuando en la familia, el niño de la casa tiene unos deberes y derechos distintos a los de la niña de la casa. Por tradición pensamos que se hace lo correcto pero no nos damos cuenta que estamos determinando diferencias en las capacidades de cada género. La niña puede comer la misma cantidad de comida que el niño; el niño también puede lavar los platos como lo hace la niña; la niña de igual forma puede sacar la basura de la casa. Tanto el niño como la niña tienen las mismas capacidades, por ende tienen los mismo deberes y derechos.

Otro claro ejemplo de discriminación, de esos que me hacen dudar de nuestra conciencia de la igualdad, es cuando hay eventos o actividades específicas para alguna etnia… ¿¿El día de la afrodescendencia?? ¡Perdón! pero este tipo de “conmemoraciones” son el acto más vulgar de discriminación que puede existir. No hay que dedicar un día o un mes ni un año para celebrar la cultura, creencias, lingüística o procedencia de nadie…

No quiero un día para festejar lo que soy, quiero un mundo para vivir con lo que soy.

Me imagino que han oído hablar del derecho de admisión… Este letrero que ubican en la entrada de los bares, restaurantes y discotecas solo traduce: irrespeto, racismo, ignorancia y más discriminación.

¿Será que hemos formado una sociedad con tendencia a la desigualdad? ¿Realmente se puede decir que todos somos iguales?

A la primera pregunta espero que mi generación y las futuras puedan responder con un rotundo NO. Para la segunda puedo decir que somos diferentes de forma, mas no de fondo. Que esas diferencias tienen que enriquecer, no separar la humanidad; humanidad que es una sola, la misma para todos y por eso no puede dar espacio a la discriminación. Somos tan iguales y desiguales como una familia de cuatro integrantes lo puede ser: misma sangre, mismo color, la misma procedencia; distintos sueños, distinta ropa, distinto individuo.

Mi propuesta es reconocer que cohabitamos el mismo lugar con casi siete mil millones de personas, que más que diferencias tenemos particularidades a la hora de hablar, orar, bailar, vestir, amar. No necesitamos segmentar etnias, orientaciones sexuales, ocupaciones o estilos; debemos reconocer y entender que eso que nos parece tan distinto a nosotros hace parte de lo que como humanos somos y de nuestra dinámica en el mundo.

Luego de ese primer paso, el siguiente es olvidarnos de tal reconocimiento, ¿por qué? porque la idea es darlo por hecho y registrarlo en nuestras entrañas para que deje de sorprendernos que las mal llamadas “minorías” logren algo grande. Tenemos que dejar esa manía de clasificar y etiquetar todo lo que somos. No busquemos un mundo igual, busquemos vivir con igualdad.

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