#Temática: “Al filo del abismo”

#Temática: “Al filo del abismo”

 

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Me encuentro en un evento con un ami­go y me cuenta que Alex, un conocido mutuo, se aburrió de su rutina de trabajo y se endeudó hasta el cogote, fascinante expresión, para irse a estudiar inglés a Estados Unidos, pues escasamen­te se defendía hablando ese idioma. Así fue que, deliberadamente, Alex resbaló o bien tomó impulso, abrazó la incertidumbre y saltó al abismo.

Mientras “caía” decidió corregir su rum­bo y ahora se encuentra en Francia en las mismas condiciones: endeudado, sin el más mínimo conocimiento del idioma, sin tener claro el paso a seguir y con ideas vagas de dónde va a sacar la plata para pagar la deu­da adquirida.

Estamos al filo del abismo y aún no nos damos cuenta. Tan sólo toma un instante, una fracción infinitesimal de se­gundo, para que el suelo sobre el que cimentamos nuestro ahora y el inexistente futuro, que tanto nos obsesiona, desa­parezcan.

No pretendo ser negativo ni pre­sagiar desgracias, pues no se me da eso de ser vidente. No se trata de sembrar más in­certidumbre, los medios ya están plagados de diferentes narrativas apocalípticas que apor­tan poco; tan sólo basta, por ejemplo, echarle un vistazo a cualquier artículo sobre Donald Trump.

 

"¿Quién no, al saber que el fin se acerca, decide arriesgarlo todo?, ¿Cuántos no se arre­pienten de lo que no hicieron, de esos sueños metas y objetivos, que sin querer pasaron a ser archivos temporales del cerebro para luego perderse en las profundi­dades del mismo?"

 

Pues sí, estimado lector, por ahí vamos ca­minando sobre el filo del abismo, pero debería­mos considerarlo una ventaja en vez de un pe­ligro. ¿Quién no, al saber que el fin se acerca, decide arriesgarlo todo?, ¿Cuántos no se arre­pienten de lo que no hicieron, de esos sueños metas y objetivos, que sin querer pasaron a ser archivos temporales del cerebro para luego perderse en las profundi­dades del mismo?

De repente el fin, no úni­camente en su forma pre­ferida, la muerte, decide embestirnos sin darnos la menor oportunidad de re­accionar.

Todos, sin importar cuá­les sean nuestras condiciones de vida, en algún momento cae­remos al abismo. Nada mejor que cuando esto ocurra, lo hagamos sin re­mordimientos y, de ser posible, con una son­risa en la cara, un gesto que compruebe que lo dimos todo y aprovechamos cada momento de vida que anduvimos sobre el filo.

Lo más probable es que cada uno de noso­tros tenga su propio abismo, pues nunca hay dos senderos iguales. Alex ya decidió saltar al suyo, nosotros ¿cuánto tiempo vamos a espe­rar?

Autor:

Juan Manuel Rodríguez

@Vieleicht

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