#Temática: La nueva sangre

Cuero, tecla, baile y pregón en los aires

Para Contanze era soñar con los pies, Viki Baum creía que era un atajo a la felicidad. Baudelaire dijo que éste puede revelar todos los secretos que esconde una canción. Así es el baile: un frenesí propio de la música, la locura que apacigua el bailarín. Jhon Freddy Leudo lo es de profesión. A través de la salsa se ha forjado como artista y mentor de generaciones enteras de bailarines caleños a nivel competitivo en su escuela Combinación Rumbera, y para él, el baile es el lienzo de la vida.

Según cuenta, el baile competitivo salsero nació en la década de los 70´s por el excesivo gusto de nuestros abuelos por zapatear. Organizaban agua e lulos que podían durar un día entero desde bien entrada la mañana. Estos espacios propiciaron una cierta autenticidad en la forma de bailar los ritmos afrocubanos, al punto que empezaron a relacionarse pasos y secuencias con barrios. De hecho, la dificultad de definir concretamente el baile de la salsa hoy, tiene mucho que ver con la identidad que le imprimieron las comunas a cada género musical.

Era una cuestión barrial. Una especie de patriotismo local que defendían a capa y suela cada fin de semana. Con el paso de los años el hábito se transformó en oficio y se empezaron a formar los primeros grupos y comparsas, -una especie de estado previo a las escuelas-, que se reunían y preparaban bailes más organizados.

Así nació el espectacular baile competitivo que gana premios en el extranjero y que nos hace sentir orgullosos, pero ¿Qué lo diferencia de su antecesor el de “la vieja guardia”? ¿Qué permitió que evolucionara a lo que conocemos hoy? Primero que fue creado para competir, por ello tiene técnicas muy complejas que requieren de constancia deportiva. Por otro lado, el vestuario es pensado para impactar, engalanar, uniformar e identificar cada escuela, evitando la formalidad del bailador que se viste para ir a la discoteca.

Mientras que el bailador vive la salsa como un momento personal de disfrute y comunicación, el bailarín de escuela debe hacer de ella un oficio. John piensa que la incorporación de técnicas de gimnasia y acrobacia al baile tiene estrecha relación con la velocidad en que las nuevas generaciones procesan la información y si bien agradece a la vieja escuela haber sentado las bases de todo, reconoce que el baile tenía que mutar para ser pensado internacionalmente, en tarimas lejanas y como un gran espectáculo.

Cali es una ciudad inminentemente competitiva y contra ello hay poco que se pueda hacer. Esa es la razón por la que el nivel de bailarines de salsa se mantiene intacta y el listón arriba. Estamos en la época dorada de la competencia de alto nivel y de abundancia de buenas escuelas. Nuestros bailarines ganan concursos internacionales y son reconocidos en otras regiones potencias del baile. Para John la escena está viva. A ratos le preocupa la aterradora cifra de fuga de talentos al extranjero y la falta de espacios donde desempeñarse en la ciudad, pero considera que las 127 escuelas organizadas son prueba suficiente de que el baile competitivo está más vivo que nunca y se proyecta con fuerza como un espectáculo de talla internacional.

 

 

 

 

 

 

 

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