#Temática: Salsa

Un fenómeno musical

Mi historia con la salsa desde niño no se concentró sólo en escucharlay aprender a bailarla sino también a interpretarla. En mi juventud estuve vinculado a una orquesta que llamábamos “La Juventud del Ritmo” y más tarde en un combo denominado “Tropicombo Latino”. En ambas agrupaciones interpretamos no sólo la música tropical colombiana sino además la cubana, puertorriqueña, dominicana y mexicana: ésta última aportaba los mejores boleros de ese entonces. Interpretábamos guaracha, mambo, bolero, chachachá, merengue, guaguancó, plenas y bombas. La pachanga fue en un principio un ritmo “amerengado” que por cuestiones de mercado y escasa popularidad adoptó elementos de la salsa. Así se abrió paso entre las discotecas caleñas y de la mano maestra de Johnny Pacheco nacieron los pachangueros.

Los discos de Acetato de 33 y 45 RPM nos llegaban algunas veces a través de concesionarias y a precios corrientes y otras en los barcos mercantes marítimos del Pacífico y el Atlántico. En esos muelles y en la ciudad, los bailaderos se disputaban la música que traían los marinos para estar al día, aunque ello implicara un mayor costo. Después llegó el boogaloo, que tuvo gran acogida en todo Cali. Era un ritmo percutivo lento, que posteriormente aceleraron a 45 RPM para poder crear un baile acelerado, que en mi concepto le restó originalidad a la cuestión. Pienso que eso llevó con el tiempo a que las orquestas tanto colombianas como las puertorriqueñas crearan un estilo de música al que hoy llamamos “salsa”. Esto dio lugar a la formación de escuelas de baile y su fuerza fue tanta que nacieron festivales nacionales e internacionales sólo para bailarla.

En Cali existió el parque de la música, donde se realizaban audiciones de música afrocubana, borinqueña, colombiana y demás, organizadas por asociaciones de melómanos y coleccionistas. Estos espacios también fueron fundamentales en la consolidación del género como patrimonio de la ciudad. Entre orquesta y orquesta vinieron muchos extranjeros que regaron la voz en sus países y así se catapultó hasta Europa. La bonanza del bailarín se debió a los contratos que prosperaron a partir de esas causalidades. Tanto así, que en Europa ya se baila salsa; de la pesada y la acrobática también y de muy alto nivel. Lo que si no dio muchos frutos fueron las orquestas, que en un intento por latinizar su sonido, contrataron productores de acá sin resultados destacables.

Mi conclusión más sensata a lo largo de estos años de estudio y análisis musical salsero y tropical, es que la salsa no es un género. Es un estilo de baile, indudablemente original, pasional y entrañable que rompió las fronteras que no pudo la política y abrió las puertas del mundo a nuestra ciudad.

Autor

Nelson Fernando Arias

neferarias@gmail.com

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