Temprano en la mañana

Temprano en la mañana

Ilustración: Fercho Yela - EL CLAVO

Claudia vive en el sur y trabaja como asistente en una clínica al norte de la ciudad. Hoy tuvo suerte de coger puesto en la buseta, usualmente en la mañana pasan repletas. A su lado va un joven de aproximadamente 28 años de edad, traje ejecutivo y portafolio sobre las piernas.

Cuando ella se sentó él le sonrió.

—Parece que ahora sí llegó el verano— dijo sin mirarla, observando los árboles de los andenes iluminados por el sol.

—Pues ojalá, tanta lluvia ya me tenía aburrida— comentó Claudia, y al instante activó un mecanismo que consiste en sostener la conversación mientras por su cabeza van pasando frases que ilustran su pensamiento.

“Este ya va empezar a gallinacearme.”

El hombre la mira despacio y ve a una mujer bella, el uniforme de oficinista no deja ver mucho pero insinúa buenas formas. Se ve alta.

—Pero veo que aún lleva paraguas—

—Si. No me confío—

—Hace bien, y va para el trabajo me supongo—

—Así es—

—Yo también. Trabajo en el Edificio del Comercio—

“No demora en preguntarme qué hago los fines de semanas.”

—Y usted que hace? —

—Soy secretaria—

—Ah que chévere, y también trabaja los fines de semana—

“Lo sabía, este tipo es un perro”.

—Sólo los sábados hasta el medio día, después quedo libre—

—Yo en cambió nunca tengo un día libre—

—Por qué, usted qué hace? —

—Soy vendedor de cosméticos en las agencias de Top Models—

“Ah no, este tipo lo que quiere es venderme sus productos.”

—Usted tiene un rostro muy hermoso—

—Ay gracias, pero no le creo—

—En serio, a usted le caería estupendo alguno de los kits que yo promociono—

“Nunca fallo. Qué dijo, ésta ya mordió el anzuelo”.

—En realidad en el trabajo nos prohíben maquillarnos—

—Pues que lastima, usted se vería divina. A mi me encantaría tener rasgos tan finos como los suyos. Si yo fuera mujer me maquillaría bien espectacular—

—Ja, ja, já…

“Este me salió gay.”

—No se burle, los atributos físicos que la naturaleza nos da son para explotarlos—.

Claudia no resiste la tentación de observarlo y ve que efectivamente es un tipo que se cuida, sus manos tienen las uñas arregladas, va bien afeitado y huele rico. Él la mira sin incomodarla y ante la evaluación que ella hace, le ofrece una sonrisa tierna, casi melosa.

“Definitivamente es gay.”

La buseta ya ha cruzado la zona de tolerancia y dejado atrás basuras de las que el sol arranca vapores descompuestos. A buen paso se aproxima a los almacenes del centro.

—Bueno, aquí tengo que bajarme. Que tengas buen día, Preciosa—

—Adiós, que le vaya bien—

El hombre timbra, la buseta se detiene y él se baja.

“Caramba, si que me encuentro tipos raros.“

La buseta sólo ha avanzado un par de cuadras cuando Claudia grita:

—Ay jueputa mi celular. Chofer, pare que me robaron!

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