The Ancient Gallery

The Ancient Gallery

Ilustración: Rachel - EL CLAVO

Ilustración: Rachel - EL CLAVO

Carlos toma un rostro de la vieja galería, es el último. Sale de su casa medio triste, medio gris, camina y se promete que va a ser la última vez. Camina hacia el parque, escucha palomas y gritos de niñas que juegan a la rueda, camina y mira las palmeras en lo alto, su cara suda, las gotas manchan el piso.

Marta da las últimas pinceladas a su cuadro. Pinta las últimas hojas de la palmera, se aburre y sale de su casa. En su mano lleva el pincel y la paleta. Cierra la puerta de su casa, con decisión pinta una fuerte cadena y la asegura con un gran candado de óleo. Pinta una reja y sale caminando rápido.

Se siente cansada, un poco animada, un poco gris, pero definitivamente con tono amarillo. Camina hacia el parque sin pensar mucho, camina por la tierra aún húmeda y  se dirige a la banca. Pinta un lindo cojín, pero cuando se sienta se desparrama todo el óleo sobre el jean. Está perdiendo su habilidad. Desilusionada dibuja una linda flor en el piso, un tanto amarilla, un tanto con sabor a muerto. En seguida la destripa con su zapato y la pintura le mancha el cachete blanco.

Mira al horizonte y ve venir un hombre: una cara gris, triste y estática, sin movimiento, sólo una mueca bastante fingida de alegría, pero marcada de tristeza. Ni un movimiento, ni respiración. El hombre se sienta a su lado. Con un gesto demasiado ritual se quita la cara y la tira con furia contra el piso. Cientos de pedazos de cristal vuelan y se clavan en la tierra, algunos se mezclan con el óleo, otros se astillan contra la banca.

Marta toma su pincel y con la delicadeza de la flor le dibuja una cara, una boca roja, uno ojos negros, cejas, pestañas, mentón, frente, cachetes, nariz y un punto de lunar. Carlos sonríe y la besa, la aprieta contra su pecho, la aprieta contra su rostro, el beso disipa su energía como destello de puntos blancos y marrones. Carlos  siente picazón en el cachete izquierdo, así que se aprieta más contra Marta. La fuerza se duplica y el rostro estalla en óleo y se desparrama sobre el regazo de Marta.

Carlos cae sin vida en el suelo, Marta, delicada pero con la seguridad del candado, dibuja una cruz en el espacio en blanco de su frente, después se pinta una cruz en su corazón y cae muerta al lado de él. Los dos descansan juntos, en un viejo cuadro en la antigua galería.

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