Toca ser buena gente

Toca ser buena gente

Si quiere vivir una experiencia extrema le sugiero volver a la universidad apenas cumpla los 40 años, a pregrado, con compañeros que podrían ser sus hijos, sumergiéndose en la brecha generacional por el lado hondo.

Vengo de ser “don Luis Felipe”. Ya es lugar común que Colombia es un país de doctores y eso no importa. Yo creí eso hasta el 20 de julio de 2010; el 21 empecé en la facultad de derecho de la Pontificia Universidad Javeriana Cali.

En mi oficina solía invitar a mi interlocutor a no llamarme doctor y tranquilizarlo magnánimo, encaramado en la autoridad de mi cargo. ¿Ha oído eso de “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde?” Pruebe a decir que el tratamiento formal no sirve estando con muchachos que deciden si le quieren hablar mientras se familiarizan con su extraña presencia, en un entorno que les pertenece y donde usted apenas está invitado así pague matrícula. Y ni siquiera miran con curiosidad: uno es un prescindible dato que no cuadra.

¿Quiere una experiencia intensa? Viva día tras día entre muchachos que usted apenas entiende analizando si le dan su aprobación. Su hoja de vida no significa nada, todo se reduce a “¿Es buena gente?” evaluado de la manera más sincera, elemental y drástica y si la respuesta es “no” un día, sin importar cuántos días haya sido “”, es veredicto inapelable y su posición será insostenible.

Los profesores les dicen a los muchachos que su responsabilidad es estudiar; en su experiencia el estudiante está para oírlo y cuando él fue a la universidad el mundo quedaba al otro lado de la puerta donde empezada la charla. Esa también fue mi universidad. Los docentes siguen hablando así pero el aula ya no es cemento y ladrillo: los estudiantes sacan iPad, iPhone, Blackberry, portátiles con Facebook, Twitter que les traen el mundo a donde estén. Yo tengo un blog sobre este proyecto de vida con 200 visitas diarias y mis contemporáneos me felicitan. Un joven puede arrancar uno sobre peleas virtuales en una discoteca de reggaeton y recibe 600 visitas el primer día por su dominio del cybermundo, donde prácticamente nace cedulado.

Los de una generación anterior entendemos eso racionalmente, pero sólo viviendo con ellos uno se aproxima a experimentar el “mundo virtual”: su forma de explorar ya no el planeta sino el universo pasa por conceptos y destrezas que la generación de los libros no replicará jamás, Steve Jobs incluido. ¿Quiere una experiencia extrema? Intenté aceptar que un ser humano puede concentrarse teniendo abiertas siete ventanas en su pantalla, arrastra la información que necesita a word, maneja intuitivamente un software a la primera aunque no su contenido, diagrama fotos, todo mientras oye música de mP3 y comenta por el manos libres la fiesta del fin de semana. Y saca una nota mejor que la suya.

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