Las trampas de la democracia

Las trampas de la democracia

Fotografía: Julián Trujillo - El Clavo

Cuando aceptamos lo que la mayoría decide, se sigue la voluntad popular, sin embrago, la historia nos muestra múltiples casos donde la mayoría ha sido manipulada para estar equivocada, convencida de su equivocación: la es tierra plana, la raza Aria es la superior, Bush presidente.

La mayoría vive engañada, y aquellas personas que tratan de controlar a la mayoría están dispuestas a hacer lo que sea para lograr su propósito.

Cuando un individuo escoge se produce una decisión, se expresa la voluntad. La suma de las voluntades de cada uno hace la voluntad de la comunidad a la que pertenecemos, bueno, eso es en teoría. En la práctica, la democracia dentro del sistema de mercado está sujeta a las presiones de miles de trampas, miles de formas de engaño pagado por el dinero de quienes quieren controlar a la mayoría.

Es así como surge la forma más popular de trampa al sistema democrático: la compra de votos. Cuando alguien cambia su voluntad por recibir dinero, o cualquier otro beneficio, o incentivo, el sistema falla, el pueblo no sigue su voluntad.

Para ejecutar la compra de votos simplemente se le paga a alguien para que marque, él mismo, el número del candidato que compró el voto.  Sin embargo  existen variaciones a esto, una de ellas es el popular carrusel: un sistema en el que no se confía del todo en el votante comprado (siempre podría recibir el dinero y marcar por el que él quiera) por lo que se le entrega un tarjetón previamente marcado con el compromiso de que una vez deposite el  tarjetón premarcado, debe sustraer el que le entregan sin marcar al entrar, para que a su vez este se pueda premarcar y dar a alguien más que repita la misma operación.

Claro que siendo sinceros cada vez se usa menos el carrusel, es más sencillo y seguro pagarle a dos jurados de una mesa, estos jurados prepago tienen la misión de convencer a los otros, que suelen ser personas que lo que quieren es llegar a su casa (estudiantes mamados, empleados que pierden su domingo en familia, etc.) de que se vayan temprano, y una vez solos en la mesa alteran la votación, ponen a votar a todos los autorizados para votar en su mesa por el candidato que les pagó y le quitan los votos a los candidatos contrarios.

Existe una trampa mayor, y mayor es el dinero que la compra, se trata de la manipulación de los sistemas que se usan para el conteo. Casi siempre antes de cada elección, se rumora sobre cuánto vale arrancar con mil, o dos mil, o diez mil votos, previamente cargados en el  sistema por corruptos dentro de la Registraduría, que al parecer ofrecen tales paquetes.  Igualmente, si un candidato está cerca de la votación que necesita, le cobran para hacer aparecer “votos que bajan por el río” o que aparecen después de un conveniente apagón, y que tarde en la madrugada definen una elección.

Sea cual sea el caso, ojalá llegue el día de una absoluta transparencia, el día en el que podamos confiar en nuestras instituciones sin corruptos. Mientras las trampas continúen, continuará el desprecio por la voluntad popular, y seguirá vigente la frase de Camilo Torres: El que escruta elige.

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