Tú frescavena que yo chocolisto

Tú frescavena que yo chocolisto

Ilustración: David S. Millán

Remembranzas de un léxico noventero.

Las tendencias del idioma en nosotros los pelao’s van cambiando de generación en generación, aunque nadie lo crea. El Español sigue siendo el mismo, pero su interpretación hace subculturas que nos han servido para comunicarnos mejor con los de nuestra edad, para estar en la moda y hasta para ‘cotizar’ niñas.

Imagino muy cuadriculados a los jóvenes que vivían la época burguesa, intentando sacar

la niña a comerse un perro o en su caso a tomarse un tecito con galletas. Frases como ‘la dama’, ‘apuesto caballero’, ‘me concede usted’, ‘déjeme decirle bella mujer que tiene en su posesión mi corazón’ o como diría un ñero: ‘Mami sabe qué, le voy a sacar una pieza para que nos vayamos a vivir’, tenían un proceso tan largo para poderle llegar a una mujer, como ir a hacer un reclamo a las entidades del Gobierno.

Hoy los pelao’s más jóvenes les da por hcer ls plabrs + corts, o, eskriben kon la primer letra ke se enkuentren; son más directos y se ve refl ejado en las relaciones rápidas que tienen: dos cucharadas de caldo y ¡mano a la presa! Y ese último dicho que seguramente usted, joven nacido después de 1990 no me entendió, es de la época donde el dialecto joven, me parece a mí, pasó por su momento de ‘Ilustración’… Los años ochentas-noventas.

Qué bonito escuchar a tu amigo saludándote, ‘entonces qué, vientos o mareas’ o dar una   aprobación a algo recurriendo a la frase ‘Oki Doki’. Hoy hablar así, te da para dos cosas: o para que no te entiendan o para que te consideren ‘barrio’. Sin embargo, no existe mejor  momento de la historia para hablar, que la época de los ochentas-noventas. Hoy, si un pelao está entusado escucha reggaetón, lo ‘cuelga’ en Facebook y pone foto con otra nena. Antes

‘el Muro’ eran las cartas o esquelas y se escribían cosas como: ‘desde que me dejaste la ventanita del amor se me cerró’ y si alguien preguntaba: ‘¿cómo estás?’ la respuesta era: ‘no pues, regular tres cuartos’.

Ya cuando la cosa era de amor: ‘Hey muchacha, triste, ven, dame, un beso eso, ah’… Si te iban a hacer una pregunta era: ‘Claro, ni que estuviéramos bravos’. O si se quería expresar descontento y que fueran más equitativas las cosas en alguna situación se decía: ‘o todos en la cama o todos en el suelo’. Hoy la recocha entre amigos es tomarle una foto al que se cayó y montarla a Facebook, antes, al unísono: ¡Sóbese que no hay pomada!

Frases raras y muy creativas las de los ochenta-noventa, y no solo eran expresiones orales, también era lenguaje no verbal, como los saludos donde se podían pasar cinco minutos con cada uno del parche haciendo el ademán, creando una coreografía previamente acordada que los caracterizaba de los demás. Hoy nos vamos por la simpleza del mensaje, como a veces también la simpleza del mundo.

Pdta. Si no entendió ni la razón ni la expresión de muchas frases acá escritas, ‘tú frescavena que yo chocolisto’, pregúntele a su hermano mayor o a sus papás y si nanay cucas, me  extraña araña porque seguro fue su época. Y si captó perfecto el mensaje, usted es un  propio modelo ochenta-noventa, ¿me Comprendes Méndez?

Comments

comments