Tusa sin lágrimas, no es tusa

Definir un acto de desamor como tusa es algo que aún no comprendo, pues no relaciono una emoción que genera los más extraños comportamientos en el hombre con el residuo de un cereal conocido popularmente como mazorca, muy famosa en las salidas de los estadios nacionales. Aún así, lo más extraño de las tusas son todas las situaciones que se desencadenan con éstas y que nos llevan a arrastrarnos de la manera más servil posible. Desde sentir que todas las canciones del bus fueron hechas para nosotros, hasta salir con otras personas porque según palabras sabias “un clavo saca otro clavo”. Juan Gabriel nunca fue tan amigo de todos hasta que “te sigo amando” se convirtió en nuestro tema de cabecera. Cualquier persona se convierte en nuestro “paño de lágrimas”, y puede ser nuestro mayor confidente en un lugar cualquiera. Y ni que decir de nuestros amigos, odian nuestros discursos cursis respecto a las cosas que fallaron en la relación y que nos hacen culpables por el fin de la misma.

El culparse durante una tusa y recién terminada la relación, sino es algo positivo por lo menos genera que se descarguen esos sentimientos reprimidos hacia la otra persona e incluso hacia nosotros mismos. Es necesario desahogar todas las emociones posibles en lo que llamaríamos el tiempo de la post-tusa pues de lo contrario, se podría convertir en la “tusa eterna”, emoción que conservan muchos colombianos y que tuvo origen en el amor de nuestra vida o de nuestro “primer amor”.
Para afrontar una tusa es necesario aplicar algo que le escuche a alguien que si no tenía mucha experiencia en el tema por lo menos si estaba bien informadita teóricamente. “Es necesario ser inteligentes emocionalmente gato” afirmó, mientras me despedía de ella con lágrimas en mis ojos, porque tusa sin lágrimas no es tusa, e imaginando que el poste de la luz me pegaba en el cuello sin desnucarme pero sí haciéndome un chichón increíble que me dolía directamente en el corazón. Meses después entendí a qué se refería. A manejar las emociones y los sentimientos de manera razonable. Ser capaces de pasar un día laboral o académicamente productivo sin pensar en ese “tinieblo(a)” que nos atormenta, y al momento de presentarse algún tipo de recuerdo o emoción que nos pueda desequilibrar, entender que pertenece al pasado y que nos encontramos en otro momento de nuestra vida. Mejor dicho es meterle inteligencia a la tusa para que ésta no nos vuelva una nada. Dicen por ahí que “lo que es pa’ uno es pa’ uno” y lo más importante es aprovechar cada una de las cosas positivas que nos ofrecen los seres que nos rodean y que por algún motivo llegaron a nuestras vidas.

Las tusas van a estar ahí, presentes, vagando por nuestro mundo, porque mientras haya amor, va a existir desamor y por consiguiente tusa. Puede que sean diferentes, que varíen según la clase social, la pareja, la ciudad, el mundo, pues no llora igual el “monito” en mazda 6, que el “piraña” en zorra de tracción animal, ni suplica una nueva oportunidad el burguesito, como lo hace arrodillado el estatal después de haber forrado en rosas todo el puente peatonal con el nombre de su amada en pétalos de rosas rosadas incrustadas en la pared. Sin embargo, todos (el monito, el piraña, el burguesito y el estatal) sienten esa agonía interna que sólo cesa cuando se encuentra una nueva ilusión, o cuando se recuerda a esa tusa con risa tonta en la cara por haber hecho toda clase de bobadas por recuperar su amor o por olvidarlo.

Y si no pregúntese entonces: “¿y cómo es él? ¿en qué lugar se enamoró de ti? pregúntale a qué dedica el tiempo libre, es un ladrón que me ha robado todo……. larai larai……..”

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