Una verde ilusión

Una verde ilusión

Foto: Angélica Cardozo - El Clavo

Los países ricos y los grandes empresarios de las más importantes multinacionales han venido impulsando hace dos años la producción y utilización de combustibles ecológicos o biocombustibles, producto de  procesos industriales en los que se utilizan como materia prima varios tipos de vegetales. Esta promesa energética que es renovable lleva como estandarte una bandera verde con la imagen de una hojita que dice claramente que es la solución, para disminuir el uso de combustibles fósiles derivados del petróleo.

Ante tal novedad muchos vieron el tema con esperanzas positivas para el medio ambiente, llegaron a suponer incluso que el petróleo tenía sus días contados. Ahora, después de varios estudios realizados por seguidores del tema medio ambiental y estudiosos de la economía mundial, el verde “bio” se torna gris para revelar que estos biocombustibles producen más daños y van a la deriva en un mar de desventajas.

Los biocombustibles se clasifican en dos tipos: el bioetanol que es un alcohol producido a partir de la caña de azúcar, del maíz, del trigo y produce una y media vez más gas efecto invernadero que el petróleo. El segundo es el biodiésel que es producido a partir de la soya, la colza o la palma. Producir una tonelada de éste a partir de la palma de aceite genera más CO2 que el petróleo.

Las grandes cantidades de fertilizantes, pesticidas y agua necesaria para la producción masiva del biocombustible son factores de destrucción ecológica que contribuyen con el calentamiento global. Científicos en Estados Unidos aseguran estar implementando una cianobacteria que produce celulosa y de la cual se obtienen azúcares para etanol y otros combustibles, esto significaría menos explotación de los suelos, pero estos estudios están en pañales y no representan una solución inmediata.

Sumado a los altos costos de la producción de estas fuentes energéticas, está la desmedida explotación de los suelos terrestres, su contaminación y el reemplazo de cultivos fundamentales para la alimentación mundial, sobre todo de los más pobres. Se han sustituido muchos cultivos de consumo básico en miles de hectáreas, se han destruido bosques enteros para plantar exclusivamente cereales para la creación de biocombustibles.

Cuando se cultiva de esta forma vegetales para producción de combustible se dejan de cosechar diversos alimentos para el consumo humano, se producen hambrunas y el costo de los mismos se eleva afectando la canasta familiar. Por ejemplo: los pastos de donde se alimentan las vacas en Argentina han disminuido reemplazados por los cultivos de vegetales para biocombustible, entonces el precio de la carne ha subido. En México, la compra de maíz para producir biocombustibles para Estados Unidos ha hecho que la tortilla de maíz, que es la comida básica de ese país, duplique o incluso llegue a triplicar su precio.

El presidente George W. Bush ha sido un defensor de esos épicos de capa y espada de la producción y utilización de los biocombustibles argumentando que es una solución energética eficaz que disminuirá la dependencia de su país por el consumo de petróleo. A la final terminarán siendo también dependientes de los países del hemisferio sur que serán los principales productores de biocombustibles.

Antes de llegar a ser optimistas frente a una viciada desinformación sobre la conservación y mejora del medio ambiente, el público en general debe conocer cuáles otros factores son contraproducentes y perjudican el bienestar del planeta.

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