Usted está sentada en su nota

Usted está sentada en su nota

Hubo un tiempo en el que el profesor proponía y disponía y a la que no le gustaba, pues se jodía y pobre donde llegara a abrir la boca, le tocaba chupar (literalmente hablando)…

Foto: Sara Montoya - EL CLAVO

Que la personalidad y el carisma son lo que importa, que el docente de colegio o el docente universitario o el de una especialización manejan la ética profesional, que se acabaron los pervertidos, que las nenas son “niñas inocentes” incapaces de manipular a las personas para su beneficio. ¡Ja! ¿Pero en qué mundo estarás viviendo?

Recuerdo que una de las cosas que más me divertían cuando aún estaba en la universidad (ni de vainas voy a decir cuál), era observar el continuo coqueteo que se sostenía entre los profesores y las estudiantes: esa tensión cargada de sexualidad, ese continuo acecho por parte de las “señoritas” para con sus “moralistas” docentes, ese tire y afloje por una nota, esa cara de pervertido al ver que una nueva presa (bonita, fea, buena, como estuviera) se acercaba y algunas contadas veces, la incomodidad que surgía en el ambiente. No sé si por no poder aprovechar ese “regalito” que se les presentaba o por el acoso al que era sometido tanto el uno como el otro.

La verdad es que en el mundo estudiantil ser mujer es una gran ventaja. En el colegio la faldita a cuadros vuelve loco hasta al más recto de los profesores, eso está comprobado; la cruzadita de pierna funciona en todos los niveles educativos, sociales y culturales y ni hablar del juego con objetos (de forma fálica la mayoría) en la boca, claro está con su respectiva picadita de ojo. Esa vaina mata.

Se supone que el malo del paseo es el educador: el pervertido, el guache, el asqueroso, la cosa putrefacta, el que lanza propuestas indecentes a diestra y siniestra, pero nunca se tiene en cuenta la influencia y la forma descarada en la que una mujer manipula la situación para que esto ocurra. Y no es que los esté excusando a todos ni mucho menos, porque algunos sí se pasan de descarados, pero es que no más hay que ver cómo cambia la forma de vestir, de caminar y de actuar de una mujer cuando se acerca una entrega de notas y cuando están en apuros.

Hubo un tiempo en el que el profesor proponía y disponía y a la que no le gustaba, pues se jodía y pobre donde llegara a abrir la boca, le tocaba chupar (literalmente hablando) y darlo si quería pasar. Pero con el transcurrir de los años las estudiantes se han apoderado de ese papel: ellas proponen, disponen, amenazan y se salen con la suya impunemente. Asombrosamente han logrado cambiar a su favor el significado de la frase/insinuación que a muchas llegó a marcar, que a muchas desmoralizó y que a muchas “violó”. Ahora ellas tienen el control y nosotros como estudiantes lo único que escuchamos es que no hay vuelta atrás, que todo se ha terminado y que se quedó: “de malas, papito”. Al fin y al cabo la nueva filosofía y estrategia de las mujeres es acercarse al profesor oliendo rico, contoneando las caderas y diciendo: “Ay profe, esta noche en mi casa que mi novio está estudiando”.

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