VALLAS DONDE VALLAS VERÁS MÁS VALLAS

VALLAS DONDE VALLAS VERÁS MÁS VALLAS

Santiago de Cali creció desordenada y con ella nuestra generación. Hemos compartido nuestra transformación física y mental, con la de la ciudad. Inclusive, llegamos después de los Juegos Panamericanos como los miles de desplazados que conformaron los cinturones de miseria y que venían detrás de la promesa del desarrollo.

¡Y que desarrollo! Cali, como muchas metrópolis tercermundialistas, ha tenido un crecimiento atropellado, que ha privilegiado a los carros sobre las personas. Miles de carros, muchos más jóvenes que nosotros, son utilizados para congestionar y contaminar, más que para transportar. Los grandes centros comerciales, invierten grandes sumas de dinero, para garantizar un amplio parqueadero que es el éxito del negocio. Y para no ir muy lejos, nuestra Universidad parece un gran parqueadero, con salones de estudio. Para la lógica de nuestra vida moderna, es normal pavimentar las tierras que algún día fueron alamedas, por donde el único tráfico era la diversidad de la vida.

Y dentro de esta lógica que enferma y destruye la vida, germina y florece la publicidad exterior. Las enormes vallas que llegaron de las grandes autopistas norteamericanas, se adueñaron de los techos que circundan las estrechas avenidas de nuestra Cali. Encontramos vallas publicitarias en cualquier espacio de nuestra vida. Hasta en los paseos” ecológicos”. Y cuando no son las vallas, aparecen las antenas parabólicas. Y su no, miremos el cerro de Cristo Rey invadido por una selva de antenas. ¿Quiénes serán los dueños de estos cerros?

La gran civilización de Occidente, se arrodilla frente al nuevo dios de la tecnología y la lógica comercial. El dios del desencuentro, la intolerancia y el egoísmo. Pero ¿así somos en realidad? Si la misma modelo que anuncia  los interiores, el cuaderno o el cigarrillo estuviera diciendo: ¡JOVEN, PARTICIPA!  En realidad, ¿Participaríamos? Yo creo que no, porque los jóvenes pensamos y no nos dejamos guiar por lo que las vallas vallan diciendo por ahí.

Algún día, cuando no podamos ver más los Farallones de Cali, cuando no sintamos más la brida de las tardes caleñas, cuando sólo nos podamos refugiar en la sombra de las vallas publicitarias, participaríamos activamente y como ya lo hizo Antanas   Mokas, tumbaríamos las vallas de más de una avenida. ¿La estética y la armonía de nuestra Cali lo merece? SI. Merece más: palmas, samanes, canarios, pechirrojos, ceibas, chiminangos, mangos, guayacanes y mamoncillos… ¿mamoncillos?

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