Veinte centímetros

Veinte centímetros

Foto: Hugo Galindo

– Hola, ¿con quién hablo?

– Hablas con ‘El Guajiro’. Tengo 21 años, soy trigueño, de estatura mediana, cabello castaño y tengo una dotación de 20 centímetros .

– ¿Cuánto vale el servicio?

– Cuesta $50.000 la hora. Si quieres que eyacule cobro un poco más. Te puedo atender en mi propia sede o si quieres voy a domicilio. Como ves es barato.

En la pequeña habitación de paredes amarillo pastel, un joven de acento costeño, vestido de gorra roja, bluyín y una Polo espera el llamado de la dueña de la casa, donde se hospeda en Cali. Está en su cama con la sábana al descubierto y la televisión sigue encendida. Su celular retumba y al contestar repite su presentación, como lo hace durante las 24 horas del día.

– Ricardo, lo necesitan —dice la mujer.

Abre la puerta del cuarto y se encuentra con un hombre corpulento, mayor de 45 años. Es abogado y saca los billetes por adelantado porque el costeñito quiere asegurarse, pues a veces no le agrada el cliente o no logra terminar el servicio. El desconocido, que se suma a los dos que ha atendido el mismo día (al Guajiro no le ha ido muy bien en el trabajo), le comenta que realmente está en rebaja, pues las tarifas de la competencia, están entre $60.000 y $200.000 por la hora, con gangas como bonos de manicure y pedicure .

Las exigencias del extraño están dentro de las solicitudes de la mayoría de clientes (aunque recuerda que algunos le han pedido que les orine encima), pero eso sí, les deja en claro que él es quien toma las riendas de la acción.

‘El Guajiro’ trata de que el tiempo pase rápido. A veces siente fastidio y en esos casos dice que recuerda su mejor relación: aquella con una mujer de 21 años cuando él tenía 15. “ Ése ha sido uno de los mejores ‘polvos’ ”.

Normalmente, el servicio dura los primeros 20 minutos para convertirse, en los 40 restantes, en una especie de confesor o psicólogo de hombres y mujeres solitarios o casados.

Afirma que es bisexual. Sus primeras relaciones fueron con mujeres y a los 18 empezó con hombres: con un profesor de su colegio, en Maicao. Inició la carrera de Diseño Gráfico en una universidad de Barranquilla y se retiró porque le propusieron modelar en la Costa. “ Quería viajar, conocer otras ciudades y lo hice a Ecuador, Perú y Bolivia. Allí la plata comenzó a faltar y empezaron las propuestas de hombres y mujeres que conocía en las discotecas. Me ofrecían plata a cambio de sexo oral o lo que quisieran ”.

Hace dos años regresó al país y en Cali, por primera vez trabajó en una casa de citas o en ‘la agencia’, como la llama el dueño encargado de asignar los turnos de los masajistas. Eran diez en total, entre mujeres y hombres. Las mujeres eran más solicitadas por parejas heterosexuales. Los hombres, en cambio, atendían las fantasías de personas de su mismo género, mayores de 45 años. “ Pero no aguanta. De $50.000, $35.000 eran para el dueño y lo demás para mí. Aunque no me puedo quejar, pues ciertas veces ganaba $90.000 o $160.000 diarios porque algunos clientes me pagaban más de la tarifa. Yéndome bien, atiendo entre cuatro y cinco personas por día”.

A diario, el costeñito se levanta a las 10:00 de la mañana por el trasnocho. Después de las 2:00 de la mañana, su tarifa sube entre $10.000 y $20.000 y si es a domicilio, el transporte corre por cuenta del usuario. Le gusta la rumba y, por eso, no falla dos veces por semana en discotecas gay , pero sabe que tiene que ahorrar, sobre todo, porque en los avisos de un solo periódico gasta mensualmente $260.000. “Si tuviera otra opción dejaría el negocio y, de hecho, a mis clientes (empresarios, abogados y médicos) les he preguntado, pero mi problema es la falta de experiencia laboral, a pesar de la apretada agenda”. Vuelve a timbrar el teléfono.

– Hola César. Sí, estoy libre a las 6:30.

Cuelga y recibe una nueva llamada para repetir la acostumbrada y muy tentadora frase:

– Hola, habla ‘El Guajiro’ y sí, tengo una dotación de 20 centímetros…

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