Verbo mata carita

Verbo mata carita

En cuestión de ídolos musicales, nadie se salva de ‘boletearse’. Yo, por ejemplo, sostengo que quien niegue a Vilma Palma es capaz de negarlo todo, porque cuando venían de gira? época lejana cuyo recuerdo hoy me llena de vergüenza? yo era uno de los tantos que compraban sus discos y cantaban en sus conciertos.

Ahora que trato de entender qué pudo llevar a una generación entera a llegar tan bajo, caigo en cuenta de que muchas cosas conspiraron en nuestra contra. Aunque el carisma tendrá mucho que ver, la imagen es decisiva en la consolidación de ídolos juveniles porque vivimos en una cultura audiovisual donde los artistas aparecen tanto en los medios que acaban levantando seguidores.

Aunque hay excepciones como los clubes de fans de Mr. Bean y Don Ramón, la imagen tiene mucho que ver y seguramente ayuda el atractivo físico. Por ejemplo, no es raro encontrar hombres fanáticos de Aragorn, protagonista de El Señor de los Anillos, pero definitivamente es mucho más común encontrar fanáticas del actor que lo encarnó. Igual pasa con las peladas que se identificaron con la Trinity de Matrix o con la protagonista de Amelie, pero definitivamente somos los hombres quienes adoramos a Carrie-Anne Moss y Audrey Tautou, las actrices que las interpretaron.

Sin embargo, parece que la música tiene sobre nosotros un efecto más permanente que el de las simples imágenes, más visceral, más emotivo, que llega más al alma. Por eso no es de extrañar que los personajes que generan más fanáticos alrededor del mundo sean los músicos, con mayor razón si son cantautores, y su magnetismo es independiente de la simple atracción física. Por ejemplo, hay muchos manes que tenían afiches, discos y recuerdos del vocalista de Guns’n Roses, motivados más por la actitud, el sonido característico y por las letras que por los apretados pantalones de cuero de Axel Rose (o al menos eso decían ellos).

Pero si se trata de vender, la fórmula “cara bonita + música” es indudablemente la que mejor resultado da a corto plazo. Claros ejemplos de esos grupitos producidos con visión de mercadeo fueron las Spice Girls, los Backstreet Boys, NSYNC, o su abominable versión ochentera, los New Kids on the Block. Por estos lados del planeta, de la época babosa de Menudo quedaron afiches, camisetas, álbumes de laminitas, discos, credenciales, películas, todo lo que a los genios del mercadeo se les ocurriera para explotar a las ávidas fanáticas, pero no un trabajo musical perdurable. De pronto con Robi Draco Rosa esa platica no se perdió del todo, pero de sus compañeros de coreografías predecibles y letras inofensivas afortunadamente no queda sino el recuerdo.

Por otro lado, hay bandas que no fueron ensambladas por un productor sino que surgieron espontáneamente por el gusto, la verraquera y el talento artístico de sus integrantes. No cabe duda de que Fito Páez, Bob Marley, los miembros de Aterciopelados, Ramstein o Molotov son tan feos que parece que los hubieran escogido así a propósito. Eso descarta que su éxito se deba sólo a su imagen y más bien apunta a que se ganaron su fanaticada desde abajo, disco a disco y concierto a concierto. Esos son los artistas que dejan huella, que se han convertido en ídolos no sólo del momento, sino de nuevas generaciones que los redescubren porque lograron tocar la sensibilidad de la gente sin dejar de ser universales.
Así mismo, los artistas comprometidos con causas sociales suelen ser los que trascienden y permanecen vigentes. Por ejemplo, bandas como U2 podrían relajarse y sacar cualquier cosa confiados en que sus fanáticos igual van a arrasar las tiendas de discos, pero por el contrario cada vez se los percibe más maduros en lo técnico y en lo estilístico. Esos son los ídolos de los que nadie tendrá que avergonzarse después.

Por eso aunque los niños indefensos ante las atrocidades de Barney, los TeleTubbies, RBD o los FactoraXos también tendrán que reconocer dentro de 10 años que sus ídolos de hoy son una ‘reboleta’, ahí van a tener a los ídolos perdurables sacando el pecho por todos sus fanáticos.

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