Viernes con agua salada: Los 14 cañonazos

Viernes con agua salada: Los 14 cañonazos

Foto: Mauricio Paz

Un viernes en Cali, con una playa alrededor dejaría de ser la Sucursal del cielo, y se volvería la puerta del infierno. Ya no seríamos la capital de la salsa, pues bailaríamos champeta o habríamos regionalizado el “Choque” y se habría disparado aún más la cifra de embarazos adolescentes; no tendríamos que esperar la feria en diciembre o el Petronio Álvarez en Agosto, pues tendríamos “PreFeria” y “postFeria” que nos pondría a rumbear todo el año.

Como buena caleña, conozco perfectamente el orden de sentimientos otorgados a cada día de la semana. Siempre estamos esperando que llegue el viernes. Es un anhelo cíclico que buscamos con desespero pues es el pase libre a otra dimensión; si no tenemos obligaciones el sábado, el viernes es consolidado como día sagrado en el que rendimos culto a San Guaro, dios del hedonismo. Y si estuviéramos en esa Cali con mar, creo que tendríamos más dioses que alabar pues hasta Poseidón nos reclamaría tributos.

Si Cali tuviera playa los viernes no tendríamos cerveza barata en San Antonio; ya que ahí quedaría la “Ciudad Antigua” y seguramente todo sería muy costoso. Poco a poco todos los políticos del país poblarían las costas, por lo que RCN y todos sus presentadores estarían pendientes para tener buen contenido en ” La cosa Política”.

La farándula criolla también vendrían a “vacacionar” aquí, pues es mucho más cerca que ir a la costa atlántica y se consiguen más elementos “afro-disíacos”.Los medios regionales tendrían cambios importantes pues la revista “Rumba, rabo y oreja” saldría dos veces por semana: una vez, para contarnos con anterioridad quién llegaría a Cali; otra vez, para narrar la recopilación del desorden citadino del fin de semana anterior. Además, se llamaría “Rumba, rabo y pegue la oreja”, pues sería una copia ordinaria de “15 Minutos” o “TV y Novelas”.

Sin nada que envidiar a la parte atlántica del país, aquí tendríamos el llamado “Parrandón del Pacífico”, con marimba portátil inventada y comercializada por emprendedores de la región. Los viernes encontraríamos en cada esquina de Granada y cada portón de San Antonio, hombres en pantaloneta invitándonos a degustar lulada y cholado; o en casos más drásticos viche, arrechón, tomaseca o tumbacatre. Y si el caso es de hambre nos darían a escoger entre empanadas de piangua o de camarón, cocadas, papa rellena o afines; y de postre, sólo si quiere podría comer fritanga.
Seguramente no seríamos una capital de talento cinematográfico, ya que movimientos como CaliWood no tendrían influencias tan góticas, tan míticas, tan bohemias, o incluso esas nacidas de la herencia salsera; ese primer movimiento cinematográfico colombiano no habría tenido esas raíces tan únicas que lo hicieron distinguir en esa época. Los viernes no habría tanta pauta cinematográfica en la ciudad pues los cineclubes serían después de la siesta.

Por eso sé que Cali no debería tener playa. Los viernes con mar serían viernes de cifras rojas para los índices del país; los aeropuertos estarían llenos de turistas que tratarían de adaptarse a nuestra cultura por lo que se desencadenaría una sobrepoblación.

Cali sin mar, sigue siendo la capital de la sabrosura. Se consolida en el medio del camino entre lo más pernicioso y lo más recatado. Ensenándonos que hay que trabajar o estudiar fuertemente para esperar con ansiedad la llegada de ese viernes.

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