#Relato: El día en que Colombia ganó el mundial

 

Pongámonos imaginativos: El partido va cero a cero, el reloj marca 89 minutos. El estadio está a reventar: gritos, banderas, los niños lloran, las cámaras apuntan al jugador colombiano. Ha robado el balón después de un pase desafortunado para el otro equipo. Corre como si nunca lo hubiera hecho, como si su vida dependiera de eso (quizá así lo sea). El estadio se paraliza. 80 mil personas aguantan la respiración. A lo lejos el arco y el portero.

Una mosca pasa por las tribunas y su zumbido queda registrado a través de las cámaras. Un comentarista llamará a esto, unas horas después; las alas del ángel. Cuando golpea el balón, este hace una milagrosa parábola; todos coincidirán en que se debe a la pericia del jugador. En realidad, es consecuencia de una leve desviación del cuero sintético que uno de los trabajadores de la fábrica dejó pasar, puesto que el día anterior descubrió que su mujer le era infiel. Gracias a esto el balón recorre 24 metros rectos, para luego desviarse 32 grados. Una corriente de viento, proveniente del sur oeste, le da un poco más de inclinación. Algunos días antes, en Corea del Norte, el gobierno lanzó una bomba al mar, ocasionando fuertes ventiscas, una de las cuales se convierte en tifón; mientras que otra logra llegar al estadio.

En su trayectoria el balón golpea la mosca que antes zumbaba en los televisores de millones de personas; aunque no logra desviar la trayectoria, sí merma un poco su fuerza. La mosca sale despedida en dirección a un jugador contrario, y entra en el ojo de este causándole ceguera parcial simple, no logrará ver la final. A medida que la pelota avanza, el portero se prepara para interceptarla. Ha reaccionado tarde, pues justo antes de iniciar el partido, un mensaje le aviso del tifón que se desarrollaba en su ciudad natal. No logra concentrarse en todo el juego, piensa que si el equipo contrario no ha ganado es debido a la suerte, y no por culpa suya.

Un comentarista que ha gritado todo el encuentro, queda sin voz de repente. Muchos años después, en su libro “Perdiéndolo todo mientras ganábamos la gloria”, escribiría: “En ese momento nada importaba, el gol era nuestro y con él la gloría. No lamenté haber perdido la voz si ganábamos el mundial.”

En la cancha el arquero estira su brazo en vano, hoy realmente no era su día. El balón golpea el travesaño superior y rebota dos veces; luego entra como sin querer. El silencio es interrumpido por la algarabía. El jugador colombiano corre en busca del entrenador, un noble anciano que grita sin fuerzas. Ambos se entrecruzan en un abrazo y luego uno a uno, el resto de los jugadores se lanzan encima, esto concluye con el esguince de la pierna izquierda del goleador, a quien por el resto de su vida, el dolor le recordará el sabor de la gloria. Al día siguiente no se puede levantar y es llevado de urgencia al hospital más cercano.

 

 

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