#aSuSalud: Efecto secundario: no tomar medicinas.

#aSuSalud: Efecto secundario: no tomar medicinas.

Efecto secundario: no tomar medicinas

Antes de mudarme de Cali, Colombia, a cursar un máster en Sevilla, España; la casera que me alquiló una habitación me advirtió que el piso no tenía televisión. Y después, con tanto que estudiar, la verdad ni falta me hizo; a excepción de una única circunstancia: que estuviera almorzando o cenando en el comedor. Así que encontré en mi laptop y en Youtube la mejor compañía para esos momentos. Empecé viendo capítulos de series y dibujos animados, hasta que llegué a la vida de Maluma y terminé topándome con ‘What The Health’.

Se trata de un documental de 2017 producido y dirigido por los cineastas Kip Andersen y Keegan Kuhn; el cual destapa la relación comercial existente entre las industrias productoras de proteína animal, las organizaciones de la salud y el gobierno de los Estados Unidos. También, basado en estudios, algunos pacientes y entrevistas con médicos; detalla el efecto negativo del consumo de carne, lácteos y huevos en el cuerpo humano.

Verlo fue impactante porque siempre me ha gustado la comida vegana, pero nunca lo he sido. Datos impresionantes brindan estos doctores; entre los cuales se encuentran Neal Barnard, presidente fundador del Comité de Médicos para la Medicina Responsable; Michael Greger, que también es orador en temas de salud pública; y el cardiólogo Kim A. Williams Sr.

En esta producción se asegura, por ejemplo, que la diabetes no es causada por consumir carbohidratos, ni azúcar; sino por acumular grasa en la sangre con una dieta omnívora, la misma que contribuye a que las personas sufran hipertensión, problemas de alteración endócrina, cardiopatías, derrames, osteoporosis, Enfermedad de Crohn y mil cosas más. También se afirma que la proteína animal cumple “un papel tremendo” en la aparición de cáncer y de otras dolencias como la endometriosis. Que hasta consumir un huevo de gallina al día puede ser tan malo como fumar cinco cigarrillos; ya que estos son, básicamente, concentrado de grasa y colesterol. Y que, en general, los alimentos que más contienen grasas saturadas son la carne y los lácteos. 

Sin embargo, también sostiene que todo esto se puede evitar o revertir con una dieta basada en plantas. “Aunque tengas predisposición genética para una enfermedad o condición, no significa que esta se vaya a manifestar. Lo que determina si ocurre o no puede tener que ver más con los factores epigenéticos: las cosas que te es posible controlar. Los aspectos ambientales, alimenticios, el estilo de vida”, es el comentario que hace uno de los profesionales de la salud.

El doctor Williams, por ejemplo, dice:

“Los peces son esponjas de mercurio. A los de granja les dan antibióticos. Los pollos y pavos que pasan encerrados y aglutinados toda la vida generan infecciones micóticas y bacterianas. Por lo cual hay que administrarles fungicidas y hormonas. Y esas sustancias se acumulan en la carne”

O también se comenta que dichos animales viven entre sus excrementos y junto a otros enfermos o muertos. De manera que las bacterias se propagan y además generan resistencia a los antibióticos. Así que el público, que finalmente se los come, queda expuesto a ellas. Y en Estados Unidos, 17000 personas mueren al año a causa de bacterias resistentes a estos fármacos, lo cual puede estar relacionado.

En What The Health, también se menciona el vínculo entre lácteos y daño en el páncreas o enfermedades autoinmunes, como el asma y la esclerosis múltiple. Al igual que otros males menos graves, pero igualmente preocupantes y molestos, como el estreñimiento, el reflujo gástroesofágico, el acné, la anemia, la tendinitis y la deficiencia de hierro. Asimismo, se recuerda que la leche de vaca es un producto exclusivo para el crecimiento de becerros y que ningún ser humano, menos un niño, debería consumirla. A propósito, el doctor Greger cuestiona:

“La mayoría de la gente es intolerante a la lactosa. ¿Por qué crearía tu cuerpo una enzima para digerirla después de destetarse? No tiene sentido”. 

Incluso, se desmiente la idea de que esta haga huesos fuertes. Es más, se le vincula con el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMLS) en bebés cuyas madres consumen lácteos; los cuales, a la vez, incrementan en cualquier persona el riesgo de sufrir cáncer, especialmente los relacionados con hormonas, como el de mama, ovario y próstata.

El filme enfatiza en que la proteína alimenticia viene originalmente de las plantas y que, por tanto, no es necesario obtenerla de los animales. Así que, manteniendo una dieta calóricamente adecuada, se puede tener una salud nutricional plena; logrando hasta un mejor efecto al absorberla directamente de las verduras. Pues, la mayoría de estadounidenses, por ejemplo, al comer carne y vegetales; consumen la mitad de la fibra que necesitan y en cambio, el doble de la proteína ideal; lo cual puede llevar a cardiopatías, diabetes y otras enfermedades; sin importar que se trate de personas delgadas y jóvenes.

Otro de los puntos que se tocan es que nuestra fisionomía, al haber sido heredada del primate (que se alimenta en un 97% de plantas y en un 3% de insectos), es propia de los frugívoros. Pues, no contamos con garras, ni colmillos capaces de clavarse y desgarrar la carne de un animal muerto. En cambio, tenemos molares planos y nuestras mandíbulas pueden moverse hacia adelante y hacia atrás, lo cual resulta ideal para masticar plantas. Además, nuestro ácido estomacal no es tan fuerte como el de los omnívoros, ya que el de ellos está hecho para digerir carne. En cambio, tenemos intestinos que superan nueve veces el largo de nuestro cuerpo; a diferencia del de los omnívoros, que solo lo hace tres veces. Esto debido a que la carne se pudre en el cuerpo, a menos que se mueva y sea evacuada lo más pronto posible. De manera que, con estas premisas, se sustenta que todas las enfermedades mencionadas anteriormente se deben a llevar un tipo de alimentación para el que nuestro cuerpo no fue diseñado.

El doctor Greger asegura que, con una dieta basada en plantas, “el único efecto secundario al que se puede llegar es no tener que tomar medicinas”. Pues, según explica, de esta manera se logran mejores resultados que, incluso, con algunas cirugías. Y en cambio, se obtiene una mayor expectativa de vida. 

What The Health concluye afirmando que comer carne es como jugar a la ruleta rusa; ya que puede que quien lo haga viva sano, pero hay una probabilidad de que no. El único suplemento que necesita tomar un vegano es la vitamina B12, la cual es producida por microbios que cubren la tierra. La energía de quienes lleven una dieta basada en plantas será la misma e incluso, gracias a su alimentación tan saludable, podrá superar a la de los omnívoros. Pues, en el video, incluso se conocen casos de exitosos atletas veganos de alto rendimiento.

Las críticas nunca faltan.

Al ver What the Health, sentí que había descubierto el secreto de la vida y de la juventud. Incluso, incorporé algunos días veganos a mi dieta. Pero no consideré renunciar a los productos de origen animal de inmediato. En cambio, leí algunas críticas que se le han hecho a este filme; entre las cuales encontré la de la nutricionista con máster en Auditoría de Seguridad Alimentaria, Beatriz Robles; quien denuncia por medio de su página web que, en el documental, se confunden los porcentajes de riesgo relativo con los de riesgo absoluto; lo cual ocasiona que la información se tergiverse; pues, las cifras que brinda parecen más impactantes de lo que en realidad son. También considera que el video fue realizado con total desconocimiento de nutrición, bioquímica y fisiología; lo que ocasiona que esté lleno de información fácilmente refutable. Y que, incluso, los estudios que se citan en el filme; al ser analizados en la vida real, ni siquiera llegan a las conclusiones descritas.

En una página web llamada Fitness Revolucionario se considera absurdo haber llamado a los peces “esponjas de mercurio”; dado que, aunque es un hecho que los océanos están contaminados, lo mismo aplicaría para los campos de cultivo; pues, “la contaminación afecta a toda nuestra alimentación”, como ahí mismo se lee. De igual manera, se desmiente la peligrosidad del huevo con la que alarma el documental. “Las propias guías nutricionales americanas eliminaron, en 2015, la limitación diaria de colesterol, al demostrarse que no perjudica la salud”, indica el sitio web.

También hace hincapié en que la leche es buena para los huesos, ya que les ofrece protección a través del calcio. Afirma que una dieta vegana, en general, es baja en proteína y que, por esta razón, What The Health vende el argumento de que necesitamos poca proteína para sobrevivir. Igualmente, afirma que se conocen tribus indígenas, cuyos miembros llevan dietas altas en carne y gozan de una excelente salud. Y defiende que la ingesta de carne, iniciada por el Homo Erectus, ayudó a desarrollar el cerebro con el que contamos hoy como Homo Sapiens Sapiens.

Por último, me topé con la crítica que hace la nutricionista vegana y coautora de varios libros Ginny Messina en la página web de la Unión Vegetariana Española, para quien resulta inaudito que, en What The Health, se citen casos de personas que dicen haberse curado de enfermedades crónicas y de un trastorno emocional como la depresión tras dos semanas de cambiar su dieta a una vegana. Y agrega:

“Dar a entender que se puede dejar abruptamente de tomar antidepresivos cuando alguien se vuelve vegano es irresponsable y peligroso”.

Simplemente, Vanessa.

Casualmente, en el máster, conocí a otra colombiana, quien ha preferido que me refiera a ella simplemente como Vanessa; una colega periodista bogotana de 33 años, que ha sido vegana desde hace poco más de tres años. “Cuando dejé los productos animales; lo hice porque pensaba que así podría curarme de unos tumores benignos que tengo en los senos, llamados fibroadenomas. Y también por prevención, ya que mi abuela murió de cáncer de colon y a mi tía le habían diagnosticado cáncer linfático”, relata.

Curiosamente, previo a tomar su decisión, Vanessa se topó con el libro ‘Comer para no morir’ del doctor Michael Greger, donde se reúne evidencia científica con la que este sustenta cómo la alimentación a base de plantas puede prevenir o incluso revertir enfermedades. 

“Si bien, inicialmente, mis razones estaban ligadas a la salud, ahora continúo por fundamentos éticos. Por ejemplo, considero que las condiciones de hacinamiento en que viven los pollos que después se venden en los supermercados no son más que caldos de cultivo para pandemias como el Coronavirus”, alega. Y comenta que, aunque los fibroadenomas siguen ahí, durante estos años no ha tenido más problemas de salud. Además, su síndrome del colon irritable dejó de manifestar síntomas. En cambio, asegura que, cuando consumía proteína animal, tenía resfriados y le aparecían aftas en la boca con mayor frecuencia e intensidad. Actualmente, consume suplementos de vitaminas B12 y D e incluye copos de levadura nutricional en sus comidas.

A pesar de que su cambio de dieta inició en 2012, cuando una doctora naturista le recomendó dejar de consumir cerdo y lácteos; desde que se convirtió a vegana no ha tenido ninguna cita con nutricionista. “Ahora que lo pienso, me gustaría verme con uno para comprobar que estoy haciendo las cosas bien. No obstante, a finales de 2017, me hicieron exámenes de laboratorio y el colesterol estaba mejor que nunca, al igual que mis niveles de hierro y de cualquier otro mineral. Sigo las recomendaciones que da el doctor Greger en su libro, como comer a diario tres raciones de legumbres, tres de cereales, dos de hojas verdes, una cucharada de linaza molida y demás alimentos saludables como verduras crucíferas, nueces, frutos rojos, etc. También consumo algas de vez en cuando. Con estos cuidados, no debería tener ningún problema nutricional”, asegura Vanessa, quien constantemente revisa la página web y las redes sociales del médico y de ‘The Vegan Society’ (la sociedad vegana más antigua del mundo, fundada en 1944 en el Reino Unido) para guiar su dieta y seguir los consejos que ahí se dan.

¿Y qué opinan la medicina tradicional y la biológica?

Con toda la información que había obtenido, sabía que debía rematarla hablando con mi amiga Yuliana Castrillón, médica residente de segundo año de Radio Oncología en México, a quien conozco desde pequeña, pues estudiamos juntas en el colegio. Y ¿Por qué no? a mi tío Luis Edilberto Blandón, profesional de la salud ahora pensionado y dedicado de lleno a la Medicina Biológica.

“Seguir una dieta vegana es una elección respetable, pero no la comparto. Pues, me parece que cualquier extremo es patológico y donde aparecen la dificultades. Para mí es necesario que cualquier persona tenga una alimentación balanceada, la cual debe incluir proteína animal y no puede estar basada solo en plantas. Además, ¿Por qué ser tan radical e intervenir en algo que ha sido natural para nuestra evolución? Se puede restringir el consumo de carne, sí, pero no al 100%”, declara Yuliana, quien asegura que ha visto casos de personas veganas con déficit y anemia nutricional, por lo cual considera vital que tomen suplementos y que hagan su transición alimentaria con acompañamiento de un nutricionista; aunque reconoce que la ingesta exagerada de carne también es capaz de desencadenar enfermedades; aparte de que, la roja por ejemplo, normalmente ralentiza el metabolismo, gracias a su constitución. Sin embargo, resalta que no se debe generalizar, pues cada cuerpo es diferente.

“Mi área es cáncer y a pesar de que, por ejemplo, sí se liga directamente con el consumo de carnes crudas o muy procesadas; tampoco se puede ignorar la cantidad de proteína y de vitaminas que ganamos al consumir proteína animal”; dice la médica; quien revela que, personalmente, prefiere la carne blanca a la roja; a la vez que considera al pescado un muy buen alimento, dados los nutrientes que aporta, como el magnesio. “Es bueno hasta para la salud mental”, declara y reconoce que aún se encuentra en estudio si los lácteos son beneficiosos o perjudiciales para la salud, razón por la cual aún no se tienen datos puntuales de qué causa la intolerancia a la lactosa.

También está de acuerdo en que un cambio de dieta puede mejorar los niveles de colesterol y triglicéridos de una persona, así como regular su presión arterial y disminuir el sobrepeso; siempre y cuando no sean casos muy drásticos, en los que se requiera la ayuda de medicamentos, al menos al principio. Pero advierte que la posibilidad de curar o revertir una enfermedad depende del tipo y de la etapa en que esta se encuentre. Por ejemplo, asegura que es posible con la hipertensión y la prediabetes, al punto de ya no requerir medicamentos. O con otras menos graves como la Enfermedad de Crohn. “La alimentación es la base. Incluso, hay diabéticos que lo logran siendo juiciosos y haciendo ejercicio. Otra cosa es cuando lo que padece se encuentra en un nivel muy avanzado y/o es resistente. Pero con el cáncer es diferente. Los pacientes necesitan medicinas”.

Por otro lado, para mi tío, la dieta vegana es el mejor método de desintoxicación y alcalinización del cuerpo, al igual que de prevención de infecciones y de enfermedades. Aunque, reconoce que la alimentación a base de plantas, por sí misma, no brinda una nutrición plena. Así que resalta la necesidad de consumir suplementos de vitamina B12.

En el caso, por ejemplo, de la Enfermedad de Crohn o del colon irritable; acepta que algunas verduras pueden caer mal al inicio del cambio de dieta, como los fríjoles, el brócoli y el pimentón. Pero confía en que, con el tiempo, el organismo se adapta y las tolera bien. Sin embargo, como médico, es consciente de lo necesaria que es la proteína animal para la construcción de aminoácidos y de tejidos en el organismo; algo que no se logra solamente consumiendo vegetales.

Lo mejor de ambos mundos.

Al final de esta investigación, me quedó claro que la dieta vegana, como tal, no es de fiar y debe incluir suplementos, principalmente de vitamina B12. Así que, concluí que, si quiero modificar mi alimentación, tengo dos opciones: Basarla en plantas, pero estricta y cuidadosamente como Vanessa o tomar lo mejor de ambos mundos. Es decir, darle prioridad a los vegetales, disminuir mi consumo de lácteos y de huevos; pero sin ser radical y sin abandonar la proteína animal. Especialmente, el pollo y el pescado. Creo que optaré por esta opción.

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