#COLUMNA: GUAYABO POSELECTORAL

#COLUMNA: GUAYABO POSELECTORAL

GUAYABO POSELECTORAL

 

Ayer nos bajábamos del carro y, mientras cerraba la puerta, llegábamos al auge de una de esas conversaciones que aspira a resolver los problemas de todos los colombianos y le hice una pregunta a mi novia: ¿Cómo le va a explicar Iván Duque a Luciana, Eloísa y Matías, sus hijos, lo que hizo para llegar a ser presidente?

La respuesta de ambos, porque la pregunta también me la estaba haciendo yo mismo, fue un silencio y par de miradas perdidas por encima del carro. Sin embargo, hicimos el esfuerzo por imaginarnos cómo reaccionaría Duque si, por cosas de la vida, sus hijos le salieran con unas joyitas de preguntas como:

—Papi, ¿quién es Gustavo Petro?

—Papi, ¿por qué la gente dice que el presidente va a ser el tío Alvarito y que tú eres su títere?

—Papi, ¿por qué no fuiste al último debate presidencial?

—Papi, ¿por qué quieres prohibir la dosis mínima, pero quieres implementar el “fracking”?

—Papi, ¿cómo pasaste de ser un completo desconocido a presidente en un añito?

Quizá dejamos volar un poco la imaginación y contaminamos el ejercicio con preguntas que nos gustaría hacerle a Duque, personalmente. Pero, el punto sigue siendo muy curioso y bañado en pena ajena: ¿cómo les explica Duque a sus hijos cada escándalo alrededor de su ejercicio político presidencial?

¿Cómo le va a explicar Duque a su familia que se destapó un escándalo nauseabundo de compra de votos, con olor a mermelada vencida de hace 30 años, justo después de ganar las elecciones y que el Fiscal Martínez le hizo el cuarto? Con la certeza de que el partido que lo catapultó a la Casa de Nariño se vio comprometido en el escándalo.

Aunque las preguntas duras no van solo para los políticos podridos en corrupción. Porque también nos tenemos que mirar nosotros mismos, como pueblo colombiano, aunque creo que es un ejercicio que ya comenzamos a hacer. De todas formas, para ello es necesario tener en cuenta los números y resultados de las contiendas electorales que no parecen reflejar la realidad del país, pero sí permiten acercar la lupa a los cambios que se están gestando.

 

Un nuevo panorama

 

Gustavo Petro demostró que ahora son muchos más los que quieren las cosas de otra manera. Ocho millones de votos, están en contra de las propuestas y toda la tierra sucia y turbia que envuelve a Iván Duque.

Lo mejor que podemos esperar de esos números, es que el ejercicio democrático del país sea constante y la oposición juegue su papel con presencia y contundencia.

Por eso, y porque los jóvenes asomaron la cabeza más que nunca para gritar con cuerpo y alma por sus candidatos, sus intereses y sus inconformidades; no falta mucho para que la política colombiana dé un vuelco del cielo a la tierra.

Así, pues, los invito a que no nos calmemos.

Que no dejemos que el CNE le quite su curul a Mockus.

Que protestemos, así sea en las mismas redes, por el respeto que merece una senadora, tal y como nos indignamos cuando un colombiano le hace decir “perra” a una japonesa.

Que chucemos, (más que Uribe), porque ese escándalo de compra de votos no quede sin más.

¡Que le cierren la cuenta de Twitter a Cabal y nos hagan un favor a todos!

Que salgamos a votar las 7 veces sí para la consulta.

Que, por favor, no nos cansemos de aspirar y luchar por un país mejor.

 

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