#Crónica: Sebastián y Claudia: la otra historia de madre e hijo condenados a prisión. Cuarta Parte*

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Cuarta Parte*

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Sebastián y Claudia: la otra historia de madre e hijo condenados a prisión

 

“Mi hijo y yo siempre estuvimos esposados, unidos en una misma celda, lo que nunca es permitido en esas situaciones. Nunca es permitido permanecer juntos, mujer y hombre en una misma celda. Lo estuvimos para pasar la noche y quienes pasaban preguntaban: “¿Por qué ellos están juntos?” Los oficiales encargados respondían directamente que se trataba de una situación muy especial”.

Hasta las 6:00 p.m. Sebastián y Claudia estuvieron detenidos en el CAI de Siloé, momento en que son trasladados a la sede de la Fiscalía ubicada en el centro de Cali. Allí pasaron la noche y se negaron a separarse si quiera por un instante.

Mamá, eso no está permitido. -Sostenía Sebastián respecto a permanecer juntos en una misma celda.

Permitido o no, vamos a estar juntos, Sebastián.

Y tal como Claudia lo predijo, aún en contra de las normas de la Policía Nacional: esperaron en una misma celda hasta la 1:30 p.m. del otro día, 19 de mayo, cuando se llevaría a cabo la audiencia que decidiría el rumbo de sus posibilidades.

Testigos de este encierro

De regreso a los días anteriores a la captura, Sebastián terminaba de concretar la venta que lo envolvería a él y a Claudia en una tormenta de infortunios y aparentes confusiones.

Los menores de edad a los que les vendió pastelitos de marihuana habían sufrido de una “intoxicación” como los medios divulgaron, o se “indigestaron” como Claudia considera que en realidad ocurrió. Toda la situación alertó a los padres de los menores, quienes fueron los encargados de llevar a cabo la denuncia… como contempla Sebastián en medio de un conflicto interno por no percatarse de los pequeños detalles cuando pudo hacerlo.

Como en cualquier competencia, y más la que vivimos diariamente en el país, ignorar las reglas no nos vuelve inmune a ellas.

Aparente resolución

Para Sebastián y Claudia las cosas fueron más sencillas de lo que parecían: los menores de edad compraron por voluntad propia, consumieron y se indigestaron, incapacidad que les duraría un día o dos sin mayor complicación; para las autoridades habría sido la oportunidad perfecta para ejecutar la captura de dos ciudadanos que llevaban investigando, según aseguraron a los medios, unos cuantos meses atrás. ¿Por qué no habían actuado? sencillo, antes no había denuncia. Los registros indican que la única evidencia reposaba en sospechas y comentarios ligeros que habían recibido las autoridades, nada comparado con una denuncia formal y colectiva.

La cabeza de Claudia no dejaba de dar vueltas en medio de la confrontación interna por la situación compartida con su hijo. Si bien, en ocasiones sentía que no podría continuar, sus reflexiones continuaban contraatacando, dándole un poco más de resistencia, a ella y a Sebastián: “¿Qué pasó, Claudia? No lo olvides… camina con Dios. Él no abandona a sus hijos en las buenas ni en las malas; yo no abandonaré a mi hijo, porque es mi único hijo. Estaré con él: le doy gracias, mi señor”.

¿Qué ocurrió después?

Ambos enfrentaron una audiencia con resultados favorables, acompañados de Juan David Castillo, abogado especializado del grupo jurídico, LEX VII. Con ayuda de su experiencia, tanto en la administración de una tienda de accesorios para consumidores, como en el área jurídica; defendió el caso de Sebastián y Claudia de forma tal que les valdría la libertad ese mismo día, a las 10:00 p.m.

La jueza, tras una sesión fragmentada de aproximadamente 10 horas, no los consideró como un peligro para la sociedad: admitió que habían cometido un error como emprendedores.

Los medios atacaron como pirañas a los dos nuevos peces en su río: se acercaron de inmediato solicitando la historia, testimonios y hasta crónicas. Sebastián y Claudia seguían en shock, aún después de dos días de la captura y de no creer que estuvieran quedando en libertad. Evitaron las multitudes y partieron con prisa al apartamento.

Llegaría una calma prudente, suficiente como para recuperarse de las últimas 48 horas. En los próximos días, las malas miradas de los vecinos las aprovecharían para buscar otro lugar dónde vivir, mientras los padres de los niños “intoxicados” o “indigestados” y la Fiscalía apelarían a la decisión de la jueza, impidiendo ponerle el punto final a la historia.

 

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