#Crónica: Sebastián y Claudia: la otra historia de madre e hijo condenados a prisión. Quinta Parte*

#Crónica: Sebastián y Claudia: la otra historia de madre e hijo condenados a prisión. Quinta Parte*

Quinta Parte*

Sebastián y Claudia: la otra historia de madre e hijo condenados a prisión

Sebastián y Claudia: la otra historia de madre e hijo condenados a prisión

Sebastián le vendió la idea a Claudia como un emprendimiento “de cierto modo legal”, algo que no les traería inconvenientes. Con el pasar de los días, los domicilios a nivel regional no se hicieron esperar una vez comenzaron a promocionar Cultura Cannabik: compradores de Jamundí y Palmira se volvieron constantes. Más adelante, enviaban pasteles y accesorios a Cartagena, Bogotá, Manizales y veredas de todo Colombia.

En una ocasión, Sebastián viajó en bus a Medellín con la idea de participar en la Feria de Cannabis, además de hacer las entregas de domicilios respectivas. Consigo llevó 300 pasteles en neveras de icopor, los cuales no suplieron la demanda a la que se enfrentó una vez llegó a la capital antioqueña.

Después de un tiempo trabajando juntos, haciendo crecer el negocio, Sebastián admitió que la ambición lo llevó a confundir el umbral de legalidad al que se enfrentaba, debido a las cantidades que vendía: paquetes de 30 a 100 pasteles que revendían terceros. La situación se salió de control, hasta para él mismo. El punto crítico resultó de confundir unos muchachos tatuados, con aretes, barba, que ya se movían en auto; sin darse cuenta de que eran menores de edad.

A la deriva

Tras varios rechazos en su intento por conseguir un nuevo lugar donde vivir, encontraron una casa frente a la Clínica Regional de Occidente, la Policlínica ubicada en el barrio Caney, en una zona donde cada casa tenía su toque pintoresco y adaptaciones personalizadas.

Ya habían pasado tres meses desde la captura y liberación, lapso en que sus vidas tomaron un giro no tan brusco respecto a lo que eran antes: el negocio seguía, pero solo con la venta de accesorios para consumidores. Ahora los domicilios eran más complejos con el Spark todavía incautado, y el estigma de quienes los reconocían.

Los papeleos de la Universidad parecían estar en orden, con un espacio en el que Sebastián podía acomodarse nuevamente, antes de retomar su pregrado.

Sus vidas parecían tomar un ritmo constante, con ligeros cambios y un toque de incertidumbre, como caminando a la deriva; y así fue hasta el 10 de septiembre de 2017.

No respirar para no ahogarse

A eso de las 10:00 a.m., mientras Sebastián y Claudia se dirigían a la tienda para contactar a su abogado, Juan David, un equipo de la policía se movilizaba dividido entre una motocicleta y una camioneta, con una nueva orden de captura en sus manos y todas las intenciones de hacerla cumplir.

La llamada de hace unos días no había transcurrido con la misma normalidad de siempre. No recibieron explicaciones de su condición tras quedar en libertad o cumplidos por la tenacidad con la que enfrentaron todo el proceso. Esa vez Juan David les pidió que no acudieran a la próxima audiencia, pues era muy probable que aprovecharan la cita para recapturarlos.

A pesar de hacer caso a la advertencia de su abogado, en la mañana ese 10 de septiembre, una motocicleta con un solo agente llamó la atención de ambos, llamando a Sebastián por su nombre completo: lo reconocieron con facilidad, al darse cuenta de que ese hombre había participado de la captura.

Sebastián Ángel, ¿seguís vendiendo pasteles con marihuana? -preguntó el agente, quien permanecía en su vehículo, con un tono perspicaz, insinuando una pregunta necia al conocer la respuesta.

– ¿Cómo se le ocurre? Claro que no… – Aseguró Sebastián, intentando mantener la tranquilidad en medio del encierro. – Tengo 10 plantas en mi casa, pero eso no es delito; puedo tener hasta 20 sin problemas legales.

Antes de que terminara de responder, Sebastián reconoció la camioneta con los otros siete agentes, rodearon a madre e hijo y anunciaron el inevitable procedimiento al que debían enfrentarse, una decisión que había respondido a los intereses de 17 padres de familia inconformes con la primera decisión de la jueza y una Fiscalía que no se daría por vencida: Sebastián y Claudia habían sido recapturados.

 

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