La sencilla

La sencilla

Antes de subirme a un bus o a un taxi verifico que tenga sencilla. Yo ando con una carterita llena de sencilla porque me hace sentir tranquilo. Sí, da más tranquilidad andar con $20.000 en billetes de mil, dos mil y muchas monedas que con un billete de $20.000. La sencilla es escasa, dura de conseguir y más de mantener. Siempre que tengo que pagar lo hago con el billete más grande para obtener un poco de sencilla y generalmente me preguntan “¿amigo, no tiene sencilla?” y yo pongo cara de que no.

Andar con sencilla es una ventaja, en los buses no hay que esperar a que el chofer recoja el dinero para devolver. En los taxis no hay que andar haciendo estaciones por negocios y semáforos con un billete de 50 diciendo “¿me lo cambia?”. En las tiendas no tenemos que soportar la cara del vendedor cuando compramos una bolsa leche con un billete de 20 y que nos diga: “claro, vino a cambiar el billete”.

Pero no siempre ha sido bueno poseer sencilla. Recuerdo cuando falsificaron las monedas de mil, la gente, para verificar que fueran auténticas, las raspaba contra el piso, les miraba los bordes, las dejaba caer… en fin, era un encarte. Hoy en día hay un tipo de sencilla que es como un souvenir: las monedas de 20 que le dan a uno en los supermercados, pero que no se pueden usar en otro lado, eso sí es una mala sencilla. Hay otros que le tienen fobia a la sencilla, o por lo menos eso dicen, ya que cuando uno sale y va a comprar una cerveza le dicen: “hermano, présteme que no quiero desbaratar el billete”.

A veces pienso que los cajeros electrónicos deberían tener una opción para sencilla, ya que botan sólo cantidades múltiplo de 20 mil y lo dejan a uno en desventaja. Sinceramente no sé que se hace la sencilla en esta ciudad, quién la secuestra para hacerla más valiosa y no la libera para que circule entre todos. Lo cierto es que es vital para el día a día de todo caleño, sin embargo hay gente que la desprecia diciendo: “¡huy! no me dé todas esas monedas”.

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